De la pobreza a la riqueza, así inicio el señor "Guzmán" su carrera en el Narco, primera parte

Se dice en el Ejercito mexicano que en la época en la que Joaquin aun estaba encerrado en Puente Grande, doña Consuelo Loera, viuda de Guzmán, solía contar en la ranchería de La Tuna, de Badiraguato, la historia sobre como su hijo se metió en el negocio del narcotrafico. 

Incluso se afirma que hay un vídeo aparentemente realizado por un periodista francés que durante mucho tiempo se presento en las aulas de especialización de las filas militares, en esta grabación la madre de El Chapo narraba que cuando el nació vivían en extrema pobreza y que sus recursos alcanzaban solo para cubrirlo con unos calzones de manta.

Su padre Emilio Guzman Bustillos, combinaba la siembra de granos para el autoconsumo con lo de droga como muchos campesinos de la región, para tener algo extra que darle a su numerosa familia. Don Emilio era un hombre muy estricto y malhumorado, a la menor provocación agarraba a ramalazos a sus seis hijos, particularmente a El Chapo, quien era su primogénito y el mas canijo.


Casa de la mama del Chapo
Tarde o temprano, como ocurre en esas tierras del llamado "triangulo dorado", llego el momento en el que Joaquin tuvo edad de acompañar a su padre a sembrar y cosechar la mariguana y la amapola, plantas que crecen con mucha facilidad y abundancia por aquellos lugares. Este tipo de actividad se reserva prácticamente a los hijos varones, quienes se inician en la siembra de la droga a los seis o siete años de edad. Durante el ciclo escolar sus padres los sacan de la escuela y se los llevan durante semanas a la sierra para la siembra.

Los niños regresan a la escuela pero meses después los vuelven a sacar para la cosecha. Sus pequeñas manos y corta estatura son ideales para rayar la amapola, con una navaja de afeitar se hace un fino corte en el bulbo de la flor, no demasiado profundo para que la planta no se muera y haya semillas para la próxima temporada, en pequeñas latas se recoge la salvia que escurre, al secarse adquiere una textura de goma de la que se obtiene la valiosa heroína, la mariguana es cortada de su base y se pone a secar al sol en tendederos especiales.

El trabajo físico es arduo, muchas horas bajo el sol a veces con escaso alimento y poca agua, En ocasiones los pequeños que ayudan a sus padres mueren envenenados por los potentes insecticidas, como el Tamaron, que los campesinos usan para que las plagas no terminen con sus esperanzas de llevar a buen termino su siembra y venderla al mejor postor. Algunos infantes también llegan a perecer por insolación, con ese ritmo de vida, terminar la educación primaria se vuelve una meta prácticamente imposible, la mayoría de los niños repiten una y otra vez el ciclo escolar hasta que se fastidian y dejan el aula para dedicarse de lleno a las siembras ilegales.


Entrada al pueblo que vio nacer al Chapo
Cuando uno recorre esas tierras se da cuenta de la cruda realidad. Los infantes crecen con el único sueño de dedicarse al trafico de drogas, tener una buena troca y muchas mujeres, mientras esa circunstancia no se transforme por medio de políticas publicas que les ofrezcan oportunidades diferentes no habrá poder humano que logre frenar la cada vez mas abundante producción de opio, mariguana y drogas sintéticas que se fabrican en laboratorios clandestinos. Incluso hay funcionarios del gobierno de Estados Unidos que en corto revelan que se ha detectado que en algunos estados como Guerrero y Michoacan se esta comenzando a sembrar coca, hasta ahora en la supuesta guerra del gobierno federal contra el narcotrafico no ha habido ningún programa social que vaya encaminando a resolver esa problemática. Parece que a nadie le conviene cortar de tajo la cadena delictiva.

Cosala
Cuando crecen los hijos de los sembradores acompañan a sus padres a vender la droga a algún poblado donde una sola persona puede llegar a comprar varias toneladas. El Chapo acompañaba a su padre a Cosala, un pequeño pueblo ubicado en la región sureste de Sinaloa, en medio de la sierra que divide el sur del estado y el altiplano de Durango. De la Tuna hasta Cosala había que recorrer varias brechas en la serranía y algunos tramos de carretera con fantásticos panoramas. La señal inequívoca de que faltaba poco para llegar era el cruce por Vado-Hondo. La vegetación tropical enmarcaba un manantial donde caían tres exuberantes cascadas bautizadas como La Cueva, El Salto y Petra, que hasta la fecha se conservan.

Cosala
Fue en el hermoso pueblo de Cosala donde El Chapo Guzmán se intereso por primera vez en el negocio del narcotrafico, según contaba doña consuelo. Inmerso en el hambre y la miseria, descubrió la vida que les esperaba a aquellos que vendían sus cultivos de enervantes. Una vez que lograba vender el cargamento, su padre se perdía durante varios días en las cantinas de Cosala. Se emborrachaba hasta embrutecerse y se iba con cuanta mujer se le parara en frente, era su recompensa por tanto esfuerzo.

Cuando terminaban los días de juerga, después de haber despilfarrado el dinero, don Emilio compraba la despensa para su familia y regresaba como el gran héroe que había llevado el alimento a sus hijos, solo lo necesario para que no se murieran de hambre.

En esta casa nadie hablaba sobre lo que el jefe de familia hacia en Cosala, aunque las esposas de la ranchería, como doña consuelo, lo sabían muy bien. El Chapo anhelaba la vida de pequeños privilegios que daba su padre. Así, a espaldas de su progenitor, Joaquin Guzmán Loera se inicio en el negocio de las drogas y comenzó a tener sus propios cultivos.

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