Conocí al hombre que entregó al Chapo Guzmán a la DEA

Tras la reciente fuga de Joaquín Guzmán Loera del penal del Altiplano una persona detalla como fue que entrego información a la DEA y que culmino en la captura del capo.

Lo capturaron agentes de la DEA y de la Oficina Federal de Alguaciles (US Marshals) la madrugada del 22 de febrero de 2014. Iban armados y vestidos con el uniforme de los marinos mexicanos, a  mediados de abril del 2014 recibí una llamada desde El Paso, Texas.

De un doctor que buscaba desesperadamente mi atención como periodista: “Yo soy la persona que entregó al Chapo Guzmán” me dijo en ese momento, bajo ese anzuelo no tuve de otra más que seguir escuchando. La intención de Bisturí, como acordamos llamar al doctor.


Para proteger su identidad, era denunciar que a pesar de haber sido acogido por las autoridades federales estadounidenses como informante confidencial —por haber entregado información para la captura del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, y de su lugarteniente en el estado de Chihuahua—, su esposa estaba a punto de ser deportada a México.

Cuando le expliqué que su testimonio y algunos datos personales serían publicados, Bisturí me dio luz verde.

Me dijo que desde que su hermana había regresado a México a contarles todo lo que él había informado a la DEA, la publicación de este artículo no representaba ningún riesgo que no esté calculando.

"Aquellos (el Cártel de Sinaloa) ya saben que soy yo, mi hermana fue y les dijo todo, así que por mi no hay problema con que se publique toda esta información", me dijo.

Aún así, por razones de privacidad más que de seguridad, me pidió solo ocultar su nombre.

Desde que las autoridades mexicanas arrestaron al Chapo, el 22 de febrero del 2014, comencé a recibir llamadas, correos y personas que me han ayudado a entender parcialmente los motivos y el proceso del fin de su imperio. Pero Bisturí me ofreció una historia surreal que daba una versión de lo sucedido en el que las autoridades de Estados Unidos jugaron un papel importante en la captura del narcotraficante.

“Yo nunca he pertenecido ni colaborado con los cárteles”, me explicó, “pero mi hermana está casada con el M-10 [Mario Núñez Meza, lugarteniente del Cártel de Sinaloa en Chihuahua] desde hace trece años. Así es como comencé a conocer a muchos, muchos de los miembros del Cártel de Sinaloa. Me buscaban para curar a los heridos en balaceras y los atendía en un hospital. Gracias a Dios nunca se me ha muerto ni uno, y creo que eso fue lo que me llevó hasta El Chapo”.

Su disposición a contar la historia completa a detalle, a ofrecerme su nombre real, documentos, visas, números de teléfono y el testimonio del abogado encargado de su caso, terminaron por convencerme de reunirme con él en una oficina en El Paso.

Bisturí comenzó por identificarse con su cédula profesional: médico cirujano. Antes del 28 de agosto pasado —el día en que firmó su contrato como informante confidencial de la agencia antidrogas estadounidense (DEA)—, el hombre frente a mí trabajaba en el hospital Guernica, de Ciudad Juárez, y cargaba una fama de ser uno de los mejores en el norte del país.

“A mí, el cártel [de Sinaloa] me comenzó a recomendar como un buen médico”, me contó. “Hace algunos meses, Emma Coronel, la esposa del Chapo, me contactó por Facebook. Ellos se cuidan mucho de los teléfonos y todo eso. Ella quería que me fuera a Hermosillo a trabajar de lleno con el cártel, pero me ofrecían 25 mil pesos. Yo hago ese dinero en una semana, entonces les dije que no, que gracias, pero no”.

Pero Bisturí no se quedó allí. Días después le vino la idea de pedirle un teléfono celular para poder contactarlos en caso de aceptar la oferta.



“Ese teléfono era de Emma Coronel y yo sabía que siempre estaba con El Chapo”, me dijo. “Se lo entregué a la DEA aquí en El Paso exactamente el 15 de enero, primero por mensaje de texto, y el 21 de enero me reuní con ellos para llenar un reporte formal de la entrega de información”.

A pesar de que Bisturí no mantiene copias de los reportes que ha llenado con información entregada a la DEA, el agente especial Daniel Muñoz, de la misma corporación, tomó mi llamada y me confirmó ser el oficial a cargo del caso de Bisturí como informante confidencial.

Además, los mensajes de celular que me mostró el informante y los documentos en posesión de Carlos Spector, abogado de Bisturí, confirman su relación con la DEA.

“‘Bisturí’ el 15 de enero entregó la primera información para la captura de ‘El Chapo’. El 22 de ese mismo mes se reunió con los agentes especiales a cargo […] y el supervisor de la DEA en El Paso, John W. Jewett, en las instalaciones del Departamento de Justicia ubicadas sobre la calle Mesa Hills”, se lee en un reporte que forma parte de su archivo en las oficinas de Spector.

A un mes de que Bisturí entregara los teléfonos de Emma Coronel, el sábado 22 de febrero la Marina había capturado a Joaquín El Chapo Guzmán, calificado por las autoridades de México y Estados Unidos como el narcotraficante más poderoso del mundo de acuerdo al parte oficial.

De acuerdo con funcionarios de alto nivel del gobierno estadounidense citados por la agencia de noticias Associated Press, las autoridades mexicanas apoyados por la DEA rastrearon un teléfono celular desde el 16 de febrero hasta dar con El Chapo en un complejo de departamentos en Mazatlán, Sinaloa.

A pesar de que la versión de la agencia de noticias apunta a que el móvil pertenecía a uno de sus empleados, las pruebas que muestra Bisturí y las declaraciones del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, respecto a la presencia de Emma Coronel al momento de su captura, apuntan a otra conclusión; que fue esta información que llevó las autoridades al Chapo.

Para cuando había entregado los teléfonos de la esposa del Chapo Guzmán, Bisturí tenía ya más de cinco meses de colaboración con la DEA.

“Mi hermana me encargó que recogiera al Mayito [Núñez Meza] en la ciudad de Chihuahua a finales de julio pasado y que lo trajera a Ciudad Juárez”, me explicó. “Cuando ya veníamos de regreso a Juárez, el Mayito me confesó que venía a iniciar el desmadre en Juárez otra vez. Me dijo que quería retomar el territorio que le había quitado el JL (lugarteniente del Cártel de Juárez y quien, según las autoridades federales mexicanas, quedó encargado de Ciudad Juárez). Fue cuando dije: ‘Yo no quiero que la ciudad se vuelva un desmadre otra vez’”.

Según Bisturí esa confesión, además del hecho de que Núñez Meza lo corrió de su propia casa en diciembre de 2007 para usarla como casa de seguridad, fueron las razones para entregarlo a las autoridades de Estados Unidos.

A principios de agosto Bisturí llamó al número de denuncia anónima de la DEA en El Paso para ofrecer la información que llevara a capturar a Meza Núñez. De acuerdo con su versión, corroborada por la documentación estampada en el permiso migratorio que me mostró, la primera reunión entre los agentes y él se dio el 18 de agosto en las instalaciones del Puente Libre alrededor de las 12 del mediodía.

En esa reunión estuvo gente de la Interpol, del FBI y de la DEA, me contó. “Les dije que el Mayito estaba en el Hotel Casagrande; les di el teléfono que traía, porque así es como los encuentran, las placas de sus camionetas y todo”.

Díez días después, el 28 de agosto, Mario Núñez Meza fue arrestado por Agentes de la Policía Estatal Única de Chihuahua en el Hotel Casagrande, ubicado sobre la Panamericana (una de las principales avenidas en Ciudad Juárez), “gracias a una denuncia ciudadana y a trabajos de inteligencia”, según describe el comunicado de prensa publicado en aquel momento.

Ese mismo día alrededor de las cuatro de la tarde Bisturí junto a los cuatro miembros de su familia cruzaron la frontera bajo la forma migratoria I-94 SPBP, entregada a los colaboradores o “soplones” de las autoridades estadounidenses. La esposa de Bisturí cruzó a Ciudad Juárez el 20 de febrero pasado para visitar a sus familiares. Según lo que me contó el informante, los agentes de la DEA les habían dado permiso de cruzar a México una ocasión al mes. Pero el 26 de febrero, cuando la mujer intentó reingresar a El Paso, Texas, agentes del Departamento de Protección y Aduanas Fronterizas (CBP) la detuvieron en el cruce internacional por presuntamente no contar con una visa para ingresar al país.

De acuerdo a los registros de la Oficina de Inmigración (ICE) la esposa de Bisturí ha estado detenida desde entonces en un centro de retención para migrantes en espera de la resolución de su caso. Actualmente se encuentra pidiendo asilo político, según la misma dependencia migratoria.

Un agente de la DEA, que me pidió no ser identificado porque no está autorizado para hablar on the record, aseguró que su agencia ha entregado más de 50 mil dólares en alrededor de siete meses a Bisturí por la información ofrecida. Sin embargo, a Bisturí no le ha parecido la manera correcta de tratarlo.

“Lo que ellos hicieron fue convertirme de un testigo protegido a un informante pero sin paga”, dice. “El dinero me lo han dado para sobrevivir, pero no es de ninguna manera una recompensa como la que se anunció por información que llevara a la captura del Chapo”.

La diferencia entre un testigo protegido y un informante confidencial es la periodicidad de la información entregada. De acuerdo al abogado Carlos Spector, el primero puede entregar información en una sola ocasión y eventualmente ser llamado a corte para testificar en contra de un presunto criminal. Por esto los testigos protegidos reciben protección de las autoridades estadounidenses, dinero en efectivo en un solo pago y documentos migratorios.

En el segundo caso el informante debe ofrecer información periódica bajo un pago por cada una de sus denuncias. Estos informantes son típicamente miembros de los cárteles de la droga y una vez que cesan de dar información son retirados del programa.

Bisturí me dijo que ha aprendido la lección: las autoridades federales como la DEA sólo quieren exprimirte y después darte una patada en el culo de regreso a México. A ellos poco les importas, lo que quieren es dar con los narcos grandes para tener sus propios beneficios como agentes.

Lo que dice Bisturí podría no estar muy lejos de la realidad. Un agente de la DEA que ahora se dedica a entrenar undercovers desde una oficina en El Paso, Texas, calificó a los informantes como “desechables”, según me dijo en su oficina tras contarle la historia de Bisturí.

“Si te están dando información a ti y a la DEA es muy seguro que también estén cruzando datos con los traficantes”, me dijo. “No podemos confiar plenamente en ellos a pesar de su valor”.

Actualmente la cifra de informantes y testigos protegidos operando en ambos países es inexacta. Reportes y cables diplomáticos han ofrecido un panorama general de la situación. El portavoz de la DEA en Washington, Rusty Payne, me dijo que no me podía ofrecer dicha información, por ser delicada.

“No es posible divulgar con exactitud cuántos informantes confidenciales usa la DEA en sus operaciones regulares e ignoro si participan personas indocumentadas”, me respondió por teléfono.

Pero sí me dijo que estos informantes “eligen cooperar con los agentes de la DEA y para eso deben seguir reglas muy estrictas”. En 2005, la DEA estimó que operaba a cuatro mil informantes activos en Estados Unidos. En 2007, el FBI indicó en un informe presupuestal que el número de sus informantes y testigos protegidos alcanzaba unos 15 mil.

La Oficina de Aplicación de las Leyes de Inmigración y Aduanas (ICE) en otro reporte oficial señala que su gasto en materia de informantes ascendió a 9.5 millones de dólares en 2009.


La dependencia además reconoció en una guía práctica para fiscales que sería beneficioso que informantes extranjeros permanecieran en Estados Unidos por un tiempo en calidad de auxilio en investigaciones o como testigos.

Según funcionarios del Departamento de Justicia de Estados Unidos citados por el diario Excelsior, las agencias estadounidenses mantenían hasta el año pasado, unos 500 informantes, infiltrados y testigos protegidos mediante las distintas dependencias. Para el año 2005, sólo había 60 de ellos. En el primer año de gobierno de Felipe Calderón su número llegó a 227, de acuerdo con lo informado por el entonces director de la DEA, Anthony Placido, ante el Congreso estadounidense.

Los cables de WikiLeaks muestran que la DEA admitió que entre el 2007 y principios del 2009, unos 120 colaboradores o informantes suyos y del Buró Federal de Investigaciones (FBI) fueron asesinados por las redes del narcotráfico.

Bisturí aún se encuentra en El Paso junto a sus hijos, a la espera de que su esposa adquiera el asilo político. La última vez que hablé con él se sentía entusiasmado de que eso sucediera y me dijo que ya había aplicado para recibir una visa de trabajo.

Además me contó es que el supervisor de la DEA, John W. Jewett, se enteró de alguna manera de nuestra conversación y le ha pedido no volver a hablar conmigo, pero como dice Bisturí: “Nomás me quieren tener callado y eso no va a suceder”.

“Ojalá que esto sirva de lección para que la gente que busca dar información a la DEA sepa que no es tan bonito como a uno se lo pintan desde el inicio. De este lado también hay intereses”, fue lo último que me dijo.

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