COMER EN UN CAMPAMENTO DE LOS ZETAS

Reynosa, Nuevo Laredo y otras ciudades de la Frontera Chica que divide a México y Estados Unidos, amanecieron el 14 de abril de 2008 con mantas bien puestas encima de puentes en las que podía leerse el siguiente mensaje:

“Grupo operativo Los Zetas te quiere a ti, militar o ex militar. Te ofrecemos buen sueldo, comida y atenciones a tu familia. Ya no sufras maltratos y no sufras hambre. Nosotros no te damos de comer sopas Maruchan”.

El mensaje duró poco tiempo. Las mantas fueron desamarradas por pequeños contingentes de soldados que ese día patrullaron con prisa todos los puentes fronterizos buscando más pasquines en contra de su institución. No querían que se propagara la burla de la banda del crimen organizado. Sin embargo, la imagen fue captada por un fotógrafo local que después vendió las fotografías a la agencia española EFE, la cual hizo circular la sarcástica oferta de Los Zetas por todo México y alguno que otro país interesado en nuestra hemorragia nacional.

Maruchan es una marca de sopa instantánea que proporcionalmente contiene casi tantos químicos como el anticongelante que se le pone a los coches en invierno. Se hace con colorantes, saborizantes y glutamato monosódico, un aditivo que causa terror entre los nutriólogos y los oncólogos. Hay quienes creen que las advertencias a comerla están originadas en mitos malintencionados, pero no se necesita ir a un laboratorio de París para ver lo que es una Maruchan. Si uno prepara una y en lugar de comerla de inmediato, la deja que se enfríe, verá como se forma una gruesa capa de grasa tan sólida que hay que romperla con una cuchara.

Según el mensaje de aquellos panfletos colocados por Los Zetas, los soldados mexicanos se alimentan con esa comida basura.

Unos meses después pregunté a un par de oficiales del Ejército si esto era cierto y ambos me contestaron que no, que era falso, pero me lo dijeron con tal indignación que parecía que les estaba preguntando si en el contexto de la guerra contra el narco decretada por el presidente Felipe Calderón, se realizaban ejecuciones extrajudiciales en el noreste de México. Por el contrario, me aseguró uno de ellos, la dieta de un soldado mexicano se basa en frijol, maíz, avena y leche.

Si Los Zetas, como decían aquellas mantas, tampoco comen sopas Maruchan, ¿qué es lo que comen en esos campamentos que improvisan en ranchos que asaltan a la fuerza para esconderse de los militares y de sus adversarios?, ¿cuál es el menú de esos sitios montados en el laberinto sin centro que es el valle de Tamaulipas?

La Comisión Nacional de Derechos Humanos divulgó el testimonio de una migrante centroamericana que fue secuestrada y obligada a trabajar como cocinera en un campamento de Los Zetas. Su relato sobre los crímenes que le tocó presenciar es estremecedor y fue resaltado en las noticias que aparecieron en algunos medios de comunicación nacionales. Recordando las mantas y las sopas Maruchan, pregunté a una persona de la CNDH sobre el tipo de alimentos que la migrante esclavizada debía cocinar a los sicarios. Se me dijo que ella fundamentalmente les hacía huevos y otros platillos guisados con arroz y frijoles.

He sabido de otras mujeres de Nuevo León y Coahuila forzadas a trabajar en las cocinas de las bandas del crimen organizado. Gente que desaparece de un día para otro en su barrio o pueblo, pero que meses después vuelve a la rutina de sus vidas con un montón de historias trágicas y en apariencia increíbles que les tocaba conocer desde las estufas. Historias que mejor no contar ahora, ni durante la comida ni en las sobremesas.

En el noviembre pasado, el día sábado 27, cuando arreciaba la guerra en Tamaulipas, y pueblos como Ciudad Mier fueron abandonados por la mayoría de sus habitantes, en una brecha apareció un montículo de cadáveres con una cartulina debajo, la cual decía:

“Estos son Los Z culpables de matar a gente inocente, como los del autobús de la semana pasada. Gobierno abre los ojos: Nosotros cuidamos al pueblo”.

El Ejército reportó esta masacre en un escueto informe, señalando a las víctimas como “infractores fallecidos a causa de un enfrentamiento con miembros de un grupo rival”.

Una galería de fotografías espantosas donde se ven aquellos cuerpos sueltos, fueron enviadas y subidas. En algunas aparecen los cadáveres de Los Zetas abatidos, retratados con bolsas de fritos y otros productos chatarra a un costado.

Uno de ellos —quizá el del cadáver que menos forma humana tiene ya— está a un lado de un vaso de sopa instantánea, evidentemente colocado de forma intencional por sus asesinos, para insinuar que Los Zetas son los que comen sopas Maruchan.

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