El Chapo era el rey de Almoloya ,estos eran sus beneficios

No debió haber gastado tanto en construir un túnel de kilómetro y medio a veinte metros de profundidad, ni esperado meses en lo que sus operadores adquirieran el terreno, sus ingenieros diseñaran el pasadizo hasta la regadera de su celda y sus los albañiles lo construyeran. 

Tras conocer el diagnóstico de la PGR sobre el estado del penal de supuesta máxima seguridad del Altiplano, que consta en la averiguación previa del caso, uno puede concluir que Joaquín “El Chapo” Guzmán pudo haberse fugado por la puerta. 

Según se desprende de las declaraciones hechas por los directivos de la cárcel y por sus compañeros de reclusión, varios de ellos líderes de temidas organizaciones criminales, “El Chapo” era el rey de Almoloya. 

Su hora de recreo en el patio era exclusiva: guardaban a todos los internos y le dejaban jardines y explanadas para su relajamiento. Sólo él pasaba hasta catorce horas diarias en los más cómodos espacios de reunión con sus abogados y para visitas familiar y conyugal, aprovechando que tenía siete causas penales abiertas y por cada una ejercía un derecho de dos horas. Sólo él podía tener el corte de pelo que deseara e incluso lo visitaban en su celda custodios, autoridades del penal y hasta la coordinadora Nacional de los Centros Federales de Readaptación Social, Celina Oseguera Parra, ahora bajo proceso por la ex-fuga. 

El asunto raya en el escándalo, de acuerdo con el testimonio de los capos del pasillo de enfrente: en varias ocasiones colocaban a varios celadores hombro con hombro y una sábana para tapar la vista al pasillo de su celda, la número 20, y se le dejaba de oír por dos o tres días. La sospecha es que lo sacaban de la celda y le acondicionaban algún sitio del mismo penal para que estuviera más cómodo (esta denuncia en particular no ha podido ser corroborada por las autoridades al frente de la indagatoria). 

Lo demás —lo laxo de la vigilancia en el Altiplano, el reinado de “El Chapo” en Almoloya— convenció al juez para girar órdenes de aprehensión, y que la mayoría de éstas fueran ejecutadas, en contra de una veintena de servidores públicos. 

Así, lo de menos era su televisión particular en la celda y el hecho de que fuera el único al que se le permitía meterse a su regadera fuera de horario. A otro interno que quiso hacer lo mismo, lo detectaron al instante gracias al circuito cerrado de monitoreo, le cayeron los custodios y lo castigaron un mes sin llamadas telefónicas. La noche del 11 de julio “El Chapo” se metió a su regadera fuera de horario y varios funcionarios en cadena le regalaron tiempo. Era lo que necesitaba. Nunca más apareció en las pantallas. 

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