El narco que conquisto a Europa

El Estrecho de Gibraltar es un rincón donde el Mediterráneo se junta con el Atlántico y donde tres países se encuentran: España, Reino Unido y Marruecos. 

Confluyen así, separados por solo 16 kilómetros, dos continentes: Europa y África. Es, también, uno de los “puntos calientes” en las rutas migratorias internacionales, pues miles de africanos que huyen de la pobreza y las guerras intentan entrar al Viejo Continente a través de este lugar. 

Pero el tráfico marítimo más notorio es el de los barcos que llegan con miles de contendedores con todo tipo de mercancías: frutas, verduras, conservas, ropa, maletas… que, en muchas ocasiones, sirven para camuflar droga. A ello hay que añadir el incesante ir y venir de lanchas motorizadas que transportan pequeños cargamentos de estupefacientes.


Este escenario y ese contexto fueron elegidos por el director Daniel Monzón para filmar su quinto largometraje: El Niño, la historia de un joven que se adentra en el narcotráfico como si se tratara de un juego. Poco después del éxito de su anterior película, Celda 211, Monzón escuchó hablar de los adolescentes que acarrean en sus lanchas motorizadas kilos y kilos de hachís entre Marruecos y España. Así que se fue ocho meses al Estrecho para empaparse de esa realidad y escribir luego un guión cinematográfico. Habló con los miembros de la Guardia Civil, los agentes de Vigilancia Aduanera, los dueños de las plantaciones de mariguana, políticos, pescadores con lanchas de doble fondo y, por supuesto, con los atrevidos pilotos de las lanchas rápidas, chicos rebeldes y deseosos de ganar dinero fácil y rápido, pues en esa zona el desempleo supera el 50 por ciento de la población activa y solo la economía sumergida permite la subsistencia.

“Supe que aparte del dinero rápido, lo que a esos chicos les movía más profundamente era un espíritu juvenil de rebeldía contra la autoridad, sumado a la adictiva descarga de adrenalina que implica jugarse la vida en el mar. Pero, sobre todo, su mayor punto de enganche era el sentimiento de camaradería que les unía”, me contó el director dos días antes del estreno de su película, en medio de un maratón de entrevistas para promocionarla.

El Niño lleva dos semanas en la pantalla de más de 300 salas cinematográficas de España y ha motivado que se hable del papel geoestratégico de este país en el mundo del narcotráfico, una actividad que, según los conservadores datos de Naciones Unidas, genera solo aquí seis mil millones de euros al año. De acuerdo con el Ministerio del Interior, España incauta el 40 por ciento de la cocaína y el 75 por ciento del hachís que se intenta distribuir en toda la Unión Europea.

George Arbuthnoytt es reportero del diario inglés The Sunday Times y hace unos meses se convirtió en el primer periodista occidental en presenciar la particular guerra contra la droga de África. Arbuthnoytt viajó a Lagos (Nigeria) y se dio cuenta que desde 2010 entró en funcionamiento un nuevo itinerario para el transporte de la droga. “En el pasado, la cocaína por lo general llegaba a Europa directamente desde Sudamérica, pero los progresos a la hora de detectar los cargamentos hicieron que los traficantes buscaran una ruta alterna. Y no tardaron en decantarse por una región que para ellos era una ganga: África occidental, conocida por su nula eficiencia en seguridad, por sus funcionarios corruptos y sus porosas fronteras. Hoy son enormes las cantidades de coca que surcan el Atlántico con rumbo al occidente africano, desde donde son transportadas a Europa por tierra, mar y aire. Entre los traficantes africanos destaca la organización Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), responsable, entre otras cosas, de la invasión de Mali del año pasado. Se cree que otro implicado en el negocio es Boko Haram, cuyas campañas terroristas en Nigeria culminaron en abril con el secuestro de más de 200 niñas estudiantes. En paralelo a este tráfico, la corrupción se dispara en esos países, donde el precio de una tonelada de cocaína supera el presupuesto de defensa de toda una nación”, dice el reportero desde Londres.

“Los especialistas en seguridad llevaban tiempo temiendo que la saturación del mercado estadunidense llevara a los traficantes de los tres principales países productores (Colombia, Bolivia y Perú) a centrarse en la demanda europea en auge. Los estudios de la ONU indican que si bien el valor del mercado europeo de la cocaína en 1998 representaba la cuarta parte del estadunidense, 15 años después las cifras están casi a la par. Y entonces empezaron a llegar informes de que los barones de la droga colombianos habían establecido una alianza con el grupo terrorista AQMI, que ha recurrido a este tipo de actividades para financiar sus acciones”, añade.

En España, la zona del Estrecho de Gibraltar, en la provincia andaluza de Cádiz, es el área donde más droga se mueve. Por aquí entra y luego Madrid y Barcelona se convierten en los grandes centros de distribución. O sea que, sin España, la ruta internacional de la droga sería distinta. “España —dice George Arbuthnoytt— es el punto de entrada por excelencia; hacía ahí se dirige alrededor de la mitad de la cocaína incautada cada año”.

Según el más reciente informe del Observatorio Europeo de las Drogas, España se mantiene, junto con Reino Unido y Francia, como líder de la Unión Europea en consumo de cocaína y mariguana entre los jóvenes, pero existen “nuevas amenazas planteadas por las drogas sintéticas, incluidos estimulantes, nuevas sustancias psicoactivas y medicamentos, que tienen una presencia cada vez mayor en un mercado de drogas europeo en constante evolución”. Más de dos millones de jóvenes europeos de entre 15 y 34 años consumieron cocaína el año pasado. España encabeza la clasificación ya que el 3.6 por ciento de sus jóvenes consumieron esa sustancia durante ese periodo. Los jóvenes españoles también superan la media comunitaria en consumo de éxtasis y anfetaminas.

El Observatorio sostiene que el aumento en el número, tipo y disponibilidad de nuevas drogas en Europa no muestra signos de reducción. En 2013 se notificaron por primera vez 81 nuevos tipos y en los últimos cuatro años ascienden a casi 250. Las nuevas sustancias psicoactivas suelen venderse en el mercado como “euforizantes legales” y se producen con intención de imitar los efectos de las drogas bajo control. Las nuevas drogas pueden producirse en laboratorios clandestinos en Europa. Internet sigue desempeñando un papel fundamental en este mercado: tan solo el año pasado el Observatorio identificó unos 650 sitios web que vendían estas sustancias a los europeos.

El reportero George Arbuthnoytt afirma, también, que drogas como la popular cocaína son cada vez menos puras. “Cada vez es más habitual que la droga sea cortada, es decir, mezclada con benzocaína, un anestésico dental. También se utilizan laxantes o tabletas antiparasitarias. Todo con tal de aumentar el rendimiento de la droga. Esto incrementa la preocupación por los riesgos de la salud del consumidor”.

En la pantalla, El Niño deja de ser un mecánico de lanchas motorizadas para convertirse, con la ayuda de dos amigos, en un hábil narcotraficante que logra movilizar a toda la policía del Estrecho de Gibraltar. Con sus acciones llenas de adrenalina, con ese arriesgado “juego” que da mucho dinero y muy rápido, escenifica un modo de vida que es muy común en la zona, eslabón fundamental en la cadena del narcotráfico y que, según el director Daniel Monzón, “es una fábula moral de quienes tienen la tentación al alcance de los dedos, sobre todo ahora en tiempos de crisis en España, en donde la moralidad y la inmoralidad se entremezclan continuamente”

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