Públicamente los Beltrán Mataron a Edgar Guzmán pero fue el mismo Chapo el que ordenó su ejecución por equivocación

Son muchos los rumores que se escuchan en esta frontera. Normalmente uno no les presta mucha atención, hasta que comienzan a escucharse las mismas cosas dichas por diferentes personas.

El chisme más reciente dice que Ismael “El Mayo” Zambada fue quien ordenó la ejecución de Édgar, el hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Edgar fue asesinado en un ataque masivo ocurrido en mayo del 2008 en el estacionamiento de una plaza comercial en Culiacán. El joven narco-príncipe murió ahí mismo, junto con un hijo de Blanca Margarita Cázares Salazar, alias La Emperatriz, quien fue novia de “El Mayo” y una de las principales operadoras en el lavado de dinero para el cártel de la Federación en Sinaloa.

Siempre se había creído que la muerte de Édgar Guzmán era obra de la familia Beltrán Leyva.

Pero ahora cobra fuerza el rumor de que “El Mayo” Zambada fue quien ordenó su ejecución.

Si fue el mayo pero como dicen unos corridos fue una equivocación al parecer el chapo le pidió permiso a su compadre Mayo para ejecutar a un joven apodado el guacho, El Mayo le dio ordenes al Macho Prieto ubicaron al joven en la plaza soriana se comunicaron con su jefe habían ubicado al guacho y dieron la orden de ejecutarlos los ejecutores fueron pistoleros del macho prieto a lo mejor a esos pistoleros ya los mataron como dice el corrido de los Tucanes de Tijuana ” se equivoco el pistolero ” ya hay nuevos corridos que dicen fue una equivocación-

 att. gente de Culiacan

Era la madrugada del viernes 9 de mayo de 2008. 

Una caravana de vehículos ultimo modelo invadía las angostas calles de la comunidad de Jesús Maria.

Era un cortejo fúnebre, la elegante y sombría carroza que lo precedía se estaciono frente a una pequeña capilla, nadie dormía ya, niños, adultos y ancianos eran testigos y algunos de ellos bajaron de la carroza un lujoso ataúd de caoba. En el iba el cuerpo de un joven de 20 años asesinado en la noche: Edgar Guzmán, los pobladores se veían azorados, estaban frente al féretro de uno de los hijos de Joaquin El Chapo Guzmán, el capo más poderoso de México, según la DEA.

Edgar fue ejecutado junto con su primo Cesar Loera y con Arturo Mesa, hijo de Blanca Margarita Cazares Salazar, a quien el Departamento del Tesoro estadounidense conoce como La Emperatriz y sus paisanos como La Chiquis. Durante dos días y dos noches, las canciones interpretadas por varias bandas sinaloenses entristecieron mas el ambiente de aquella ranchería de mil habitantes, uno de los grupos interpretaba continuamente el corrido de El Moreno Edgar Guzmán:

…No presume su apellido
ni se la da de valiente,
pero si se rifa el cuero,
no se vale de su gente…

A la ceremonia, que oficio el sacerdote de la ranchería, acudió el pueblo entero. Si asistió El Chapo, nadie lo dice. En cambio, todos están convencidos de que aquí nunca hubo un funeral tan lujoso como este, con música, comida y vino para todos. Las lagrimas no cesaban.

Ademas, la señora Griselda, mama de Edgar, agradeció la asistencia de todos con un recuerdo: un costalito que contenía un rosario de oro de 24 quilates. Ni la estridencia de las bandas musicales acallo las voces y los llantos cuando Edgar fue inhumado. Al tercer día del entierro se le empezó a construir un impactante mausoleo, es una edificación de 2 mi metros cuadrados que se eleva en el panteón local, en un terreno aplanado de aproximadamente una hectárea, rodeado de modestas tumbas y de cerros, donde inicia la zona productora de mariguana  y amapola mejor conocida como El Triangulo Dorado del narcotrafico, formado en la confluencia de los estados de Durango, Chihuahua y Sinaloa. Hasta mediados de 2009 todavía se notaban los andamios y los muros mostraban un aplanado de cemento gris, pero ya tenia forma: se trata de un gran cubo con gárgolas grisáceas y remates de cantera; y en la cúpula, una cruz de la misma piedra, Rodea el mausoleo  una reja de hierro forjado, tras la cual hay bancas y varios postes de bronce, cada uno con cinco faroles.


La capilla posee tres grandes puertas labradas en madera fina, como si fuera una catedral. Siempre vigilada, esta abierta todo el día, En el sitio destinado al altar, en vez de la tradicional imagen de un santo o de alguna virgen se coloco una fotografía enmarcada de Edgar, En ella viste un traje de color marfil, al pie de esta imagen los dolientes dejan pequeñas cruces y flores, las paredes beige aun están desnudas, igual que el piso, que parece exigir la colocación de bancas que serán sin duda igualmente elegantes.

Mientras para los eventos religiosos la familia trajo trajo sillas de plástico que permaneces apiladas en la caseta de vigilancia que esta junto a la capilla, cada mes se oficia una misa en memoria de Edgar y los domingos su familia acude a convivir junto a sus restos, esas reuniones se realizan afuera de la capilla, frente a la puerta principal.

Por su parte, Arturo Mesa, el hijo de La Emperatriz acribillado junto con Edgar Guzmán, fue enterrado en el panteón particular San Martín de Culiacan, exactamente en el privado Moises, cuadrante C, de estilo Americano en una fosa con valor de 300 mil pesos, ese 10 de mayo, fecha de tradicional visita a los cementerios, los administradores  del panteón se prepararon para recibir a miles de visitantes como cada año, pero el lugar estuvo desierto.

El Narcosepelio causo pánico en la ciudad. Finalmente el cementerio solo recibió al cortejo fúnebre de Mesa, formado por no mas de 10 vehículos eso si todos ultimo modelo, ahí las bandas callaron, Fue el Día de la Madre mas triste en la vida de Blanca Margarita Cazares.

Tomado de: Milenio
Dia de publicación: 2008-05-18

Cada lunes arriban a la ciudad dos tráileres atiborrados con mercancía del Estado de México. Vienen de Villa Guerrero, un poblado donde los saltos de agua y las cañadas se entrecruzan con arroyos y ríos mansos. Desde este idílico y remoto lugar son traídas miles de flores a Sinaloa.

No se conoce a bien por qué, pero los sinaloenses aman las flores. Eso sí lo saben los floricultores mexiquenses que desde hace varios años tienen a Culiacán como uno de sus principales destinos comerciales, por encima de ciudades como Monterrey o Saltillo, que cuentan con más habitantes.


Florerías de diverso tipo se esparcen a lo largo de esta ciudad norteña. Florerías en los mercados, florerías dedicadas a arreglos para ceremonias, especializadas en decorado de jardines, florerías exóticas orientales, florerías para adolescentes y un sinfín de puestos callejeros. 

De todas las flores la preferida es la rosa roja. Por lo regular, los vendedores las arropan con follaje y montesinos, para que luzcan mejor. Cada botón de estos suele ser vendido en 15 pesos. El 14 de febrero, Día del Amor, y el 10 de mayo, Día de las Madres, son las mejores fechas del negocio.

“Este año no hubo tanta venta de arreglos por el Día de las Madres, pero como quiera nos fue bien porque se nos acabó toda la rosa”, platica el encargado de la Florería Padilla. Sentado detrás de su escritorio, el hombre cuenta que en sólo unas horas vendió cerca de 10 mil flores. “Vendimos unas ocho coronas fúnebres a 20 mil pesos cada una. Estas coronas llevan como mil 250 rosas rojas. Son tan grandes que no caben por la puerta”, dice, mientras señala la entrada del negocio, que mide poco más de dos metros.

“Pero esta alta venta de flores que hubo en Culiacán es por la calidad de los muertos que hubo el 8 de mayo”, explica el comerciante de flores. Los muertos “de calidad” a los que se refiere son los familiares de Joaquín El Chapo Guzmán, acribillados ese mismo día. 

De los cuatro parientes del líder del cártel de Sinaloa, uno de ellos recibió la mayoría de los honores luctuosos: su hijo, Édgar Guzmán López, un joven de 23 años de edad que estudiaba en la Facultad de Administración de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Ni otros sinaloenses famosos como el ex líder histórico del PAN, Manuel J. Clouthier, o Rodolfo Carrillo Fuentes, hijo del Señor de los Cielos, tuvieron en su velorio tantos arreglos florales como los que tuvo el hijo de El Chapo Guzmán en sus funerales, aseguran sin dudarlo los floreros de la zona, quienes recuerdan haber contado el fin de semana pasado hasta nueve camiones torton llenos de rosas rojas.


Otras florerías de la calle Zapata, por donde se encuentra la funeraria San Martín, también vendieron coronas gigantes. Incluso más grandes, hechas con 2 mil rosas rojas y vendidas a 35 mil pesos cada una. “En ningún lado se ven estas coronas. Yo he estado en varios lados y no lo ves. Ni en Tijuana ni en Michoacán ni en Tamaulipas”. Los comerciantes calculan que esos días se vendieron 50 mil rosas rojas y hubo ventas por cerca de 2 millones de pesos.

—Muchas de las coronas más grandes venían a comprarlas cuatro muchachos. Las pidieron y se las llevaron, dijeron que luego las pagaban. ¿Arreglos del Día de las Madres? De esos vendí unos dos nomás —cuenta el propietario de otro establecimiento que vendió flores a la familia Guzmán.

—¿Y usted está seguro de que volverán a pagar las coronas?

—Seguro, esa es gente que tiene mucha palabra.

***


Sabían lo que iba a pasar, lo que no sabían era cuándo. Por Culiacán los rumores del narcotráfico circulan como realidades que tarde o temprano lo son. El lunes 21 de enero en la madrugada un batallón del Ejército encontró sin escolta y desarmado en su casa a Alfredo Beltrán Leyva. La facilidad de su captura hizo pensar aquí que El Mochomo había sido entregado a las autoridades federales por alguien del cártel al que pertenecía.

La historia real puede ser a veces tan inesperada como las mejores historias de ficción. El gran aliado de los Beltrán Leyva, Joaquín Guzmán Loera, fue considerado desde un principio como uno de los posibles delatores. El rumor se esparció en Culiacán por gente de la misma organización en la que confluyen diversos grupos del crimen organizado, casi como pares. Pero estos eran tan sólo rumores.

El 11 de abril, una vez que se conoció la liberación de Archivaldo Guzmán, otro hijo de El Chapo que estuvo preso en el penal de El Altiplano, las conjeturas en voz baja aumentaron. “El Chapo entregó a El Mochomo a cambio de que liberaran a su hijo”, se comenzó a rumorar en esta ciudad.

“¿Y qué pensará Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, de esto?”, era la pregunta que rondaba desde mediados del mes pasado en la ciudad. Bastaron unos cuantos días para que se supiera la respuesta.

***


La sangre aún estaba húmeda en el suelo cuando llegaron los reporteros. Un penetrante olor a pólvora, como a fuegos artificiales, rondaba el estacionamiento del supermercado la noche del 8 de mayo. Édgar Guzmán corrió, pero los sicarios que iban en tres camionetas le dispararon más de 300 tiros en forma de abanico, a diez metros de distancia. Ni un disparo salió del lado del hijo de El Chapo y de los otros tres que iban con él, y que también murieron masacrados. 

El lugar donde ocurrió todo está a diez minutos del Palacio de Gobierno de Sinaloa. Atrás de las camionetas a las que iban a subirse, un taller de automóviles arropó buena parte de los disparos y el bazucazo con el que los sicarios acabaron su faena. Las dos cámaras de seguridad del negocio grabaron la balacera. En las imágenes sólo se ve un resplandor y se oye una tormenta de balas que parece nunca acabar.

Los trabajadores del taller apenas se habían ido una media hora antes, después de hacer trabajos de alineación y balanceo todo el día. Hoy trabajan entre orificios de bala y el techo del Auto Center Guzmán aún está dañado por el bazucazo que dejó un hoyo de 50 centímetros. En el estacionamiento, justo donde cayó Édgar Guzmán, hay dos veladoras encendidas. Muy pequeñas y modestas.

Los periódicos locales no querían dar la noticia de la muerte del hijo de El Chapo Guzmán. Uno de los dos más vendidos en la ciudad, el periódico Noroeste la dio dos días después atribuyéndola a agencias informativas del Distrito Federal.

En los días anteriores habían aparecido tres mantas con los siguientes mensajes: “Soy el jefe de la plaza”, “Soldaditos de plomo, federales de paja, aquí el territorio es de Arturo Beltrán”. La otra decía: “Policías-soldados, para que les quede claro, El Mochomo sigue pesando. Atte. Arturo Beltrán”. 

***


Todos aquí esperan la venganza de El Chapo a partir de mañana lunes. La razón por la que ésta no se ha dado aún, dicen en ámbito policiaco de Culiacán, no es como pudiera pensarse por los vistosos operativos realizados por el Ejército y la Policía Federal Preventiva, o por la estrategia interna de la organización criminal. No, el argumento atribuido es otro: Hasta que no se acabe el novenario dedicado a su hijo el capo no se vengará. Así es la cosa por acá, me ilustran.

Todo el mundo aquí espera que Culiacán se convierta en un anfiteatro peor al que de por sí era, donde los gladiadores incluso sean parientes, maten o mueran. Las 60 ejecuciones en 15 días no son nada para lo que viene, se augura con cierta temeridad a pesar de la fuerte presencia militar en la ciudad.

Todo el mundo aquí piensa que los policías locales no combaten los crímenes porque están demasiado ocupados en cometerlos.

Todo el mundo aquí espera días tristes, oscurecidos por la muerte.

***

Dos días en Culiacán bastan para darse cuenta de la psicosis que hay ante el escenario actual de guerra entre las bandas que conformaban el antes compacto cártel de Sinaloa. El teléfono no deja de sonar. Rumor de muerte reportado por aquí y por allá.

Lo peor es que cualquier rumor puede convertirse en realidad cualquier día .

Carpe Diem. Vive el momento.

***

El equipo de futbol Dorados jugaba ayer a las siete de la noche contra el León. Si ganaban iban contra los Indios. Sinaloa contra Ciudad Juárez, esa es la gran final del futbol profesional de la primera división A.

—¿Si pierden los Dorados la gente se enoja? —pregunté por la tarde a uno de los trabajadores del estadio donde se celebraría la gran final.

—No, aquí en Culiacán la gente es tranquila.

Pero ayer ganó el León.

***

—¿Hay más muertos los fines de semana? —pregunto al conductor del auto que me lleva a La Primavera.

—Fíjate que no. Aquí cualquier día matan. No hay un día especial para matar, ¿qué curioso no? 

Son las cinco de la tarde de este sábado 17 de mayo en Culiacán y llevamos contadas cuatro personas ejecutadas hasta el momento. El chofer con el que voy no se sorprende de la cifra que vamos conociendo a través de llamadas y sobrios reportes de la radio. Ni se inmuta. Son tan habituales este tipo de muertes (cerca de 250 en lo que va del año) que ya hasta hay sitios formalmente establecidos para dejar las víctimas.

El favorito de los sicarios para deshacerse de los cuerpos es al que nos dirigimos y que está detrás de la colonia La Primavera, en una brecha que comunica a Culiacán con varias rancherías. La gente conoce este “tiradero” de cadáveres como “La barda de Coppel”, porque está cerca de un terreno comprado por una de las familias más adineradas de la región.

En esta grava volcánica, al igual que llantas viejas, osos de peluche decapitados, perros muertos, cajas de cartón de huevo, periódicos amarillentos, suelen ser aventados restos humanos. Lo único que a veces distingue al muerto encontrado por aquí es la manera en que dejó el mundo de los vivos: puede ser encobijado, esposado, enlonado o encajuelado. Los entambados y los encorbatados ya no son tan comunes, se me aclara, ya que ese estilo era el que preferían los Arellano Félix, para quienes trabajaba La Rana, un comandante de la policía judicial que se hizo leyenda en este polvoriento camino que parece llevar al fin del mundo a sus transeúntes.

—¿Y por qué los matan? —pregunto.

—Por causa natural —me dice mi guía.

—¿Natural?

—Natural, por los asuntos en los que se metían.

En Culiacán ya no hay nada más efímero que el muerto de ayer. Salvo si tiene ciertos apellidos. En el tiradero de La Primavera, no hay ninguna flor a la vista.

Aquí no crecen las flores.

Disparos

Tras la muerte de Édgar Guzmán

“La alta venta de flores es por la calidad de los muertos que hubo el 8 de mayo”

Todos aquí esperan la venganza de 

El Chapo a partir de mañana lunes…

Taxista de Culiacán

“Son muertes naturales, porque es natural que los maten por los asuntos en los que se metían”.

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