El Comandante "Comino" de los Zetas, la historia de un sicario de 13 años que fue decapitado por traidor


Con sus precarios 13 años de edad, un metro cincuenta centímetros de estatura, escuálido y desnutrido, de piel morena, cetrina, tostada por las inclemencias del tiempo, de rostro imberbe y facciones infantiles, en el que destacaban unos ojos de lince, de mirada penetrante y en los que brillaba una chispa de inteligencia, Alberto Orantes a quien apodaban “El Comino” por su pequeña estatura y delgadez fue reclutado para ser llevado a la “diestra” por integrantes de uno de los grupos de delincuencia organizada que manejaban la plaza de Nuevo Laredo en Tamaulipas llamados los Zetas.


El pequeño comino originario de Guerrero el junto a su madre se habían mudado a la ciudad fronteriza con la esperanza de cruzar hacia Estados Unidos pero el dinero no les alcanzo y la madre decidió quedarse en la ciudad trabajando como sirvienta haciendo trabajos domésticos en la casa de unos empresarios de los pocos que hay en la ciudad había llegado por recomendación de un familiar que también se encontraba en la ciudad, a las pocas semana El Comino ya se había hecho de "amistades" producto de su buena fama para relacionarse con el crimen en su pueblo natal, pronto seria reclutado en un estado donde los sicarios foráneos se cuentan por cientos. Sus sueños y aspiraciones se hacían realidad, en unos meses se integraría a una “estaca” de “la mera- mera gente”, y concretaría su proyecto de vida, que bien podría reducirse a una lista de compras: unos tenis Nike, unos pantalones Levi’s Strauss , unas playeras Chemis Lacost, ropa interior Rimbros, y quizás, por qué no, una motocicleta deportiva; y para su jefita una pantalla de plasma marca Panasonic para que se divirtiera viendo las telenovelas que tanto le gustaban, una lavadora con secadora y un refrigerador muy grande donde poder conservar los alimentos y enfriar sus bebidas gaseosas. Y por supuesto costear una visita a la Basílica de Guadalupe para agradecer a la Virgen los favores recibidos.

Los sicarios son el reflejo acaso más protuberante del hedonismo, el consumo, la cultura de la imagen, y la drogadicción. En una palabra la colonización del mundo de la vida por la modernidad, como bien los describen los economistas Fabio Giraldo y Héctor López.

Son parte de ese sector de la sociedad que ya no es incorporable a un mercado de trabajo que se reduce cada vez más, son los sobrantes sociales, los desechables.

La sociedad “normalizada” como la denomina José Luis Romero, busca amurallarse para contener su invasión en estos tiempos de guerra y de combate al narcotráfico.

La personalidad del “Comino” pese a su corta edad y casi nula experiencia en cuestiones de la vida, era atípica, padecía de enuresis lo que le provocaba episodios de vergüenza, frustración y de ansiedad, Desde muy pequeño le daba por maltratar y hacer sufrir a sus mascotas, su madre de nombre Lencha no olvidaba la ocasión en que el amarró al gato de la casa llamado “lucas” y después de estarle infringiendo lesiones superficiales con una cuchillo cebollero lo arrojó al bracero, sufriendo graves quemaduras y perdiendo gran parte de su pelambre. A los pocos días el mismo muchacho mató al gato asfixiándolo presionando con sus pies el cuello del pobre animalito.

El Comino fue trasladado en un autobús de pasajeros hasta un paraje solitario en una sierra del estado, El camión tenía las ventanillas selladas con láminas soldadas para que sus cerca de 60 pasajeros no tuvieran visibilidad, ni reconocieran el camino que los llevaría a su destino. Después de varias horas de transitar por caminos vecinales y brechas accidentadas, por fin el autobús detuvo su carrera y los pasajeros descendieron y se encontraron con un paisaje desierto, desolado, en donde pudieron observar unas casuchas de madera a manera de campamento, estaban ubicados en un llano rodeado de altos cerros y completamente aislados de la civilización.

EL CAMPAMENTO.

Al verse el sicario en ciernes, aislado de la gente y de la sociedad que tanto odiaba, a las pocas semanas de estar en el campo de adiestramiento confinó los hábitos de la ciudad, no solo por la dureza del entrenamiento sino también por el aislamiento de la cultura y de la civilización. Sus ropas humildes de por sí, fueron convirtiéndose poco a poco en andrajos, la falta de higiene hacía su apariencia más lastimosa, la comida era muy escasa y muy pobre, la carencia de utensilios domésticos y herramientas para sobrevivir lo obligó a adoptar algunas conductas agrestes.

La vida entre los cerros era extremadamente dura, las constantes caminatas, las tareas de buscar y construir refugios, la carga pesada de la mochila castigaba su espalda y martirizaba su esqueleto. La punzada del hambre a veces se le clavaba como aguda estaca en su vientre. A los pocos días de entrenamiento él y sus compañeros de aventura se quedaron prácticamente sin zapatos, las caminatas eran largas, en ocasiones bajo los inclementes rayos del sol que fustigaba sus espaldas, otras veces bajo el acoso de la helada lluvia, y por las noches el descanso era imposible por el ataque de moscos y bichos, sin olvidar el despiadado y helado viento del este.

Después de cinco infernales semana, durante las cuales el adiestramiento consistió en un rudo acondicionamiento físico, entrenamientos para resistir el dolor de algún probable interrogatorio bajo tortura, para lo cual en varias ocasiones El Comino fue atado fuertemente con sogas y empinado recibía innumerables tablazos en piernas y glúteos hasta sentir que se ahogaba del dolor, pero nunca emitió alguna queja, otro de los entrenamientos consistía en llevarlos a un río cercano y dejarlos toda la noche sumergidos hasta el cuello bajo la impetuosa corriente de agua helada, esto con el fin de enseñarlos a soportar el frío, durante semanas fueron alimentados precariamente, recibiendo como único alimento dos latas de atún un paquetito de galletas y un litro de agua por día.; pero por fin llegó el día anhelado, se fueron formado equipos de 4 integrantes, que era la unidad de combate llamada “Estaca”, uno de ellos sería nombrado comandante de la unidad, otro jefe de grupo y dos soldados. Después se formaron equipos de tres “Estacas” a quienes se les designó un instructor para enseñarles el manejo de los fusiles de asalto, que eran de dos tipos, uno el fusil AR-15, calibre. 223, y el otro el AK-47 conocido como Cuerno de Chivo, calibre 7.62.


EL ARMA.

Para los seres humanos, el tamaño sí que importa. Al menos, cuando se trata de valorar la fortaleza de un enemigo, razón por la cual el pequeño y enclenque Comino se sintió fortalecido y compensada su pequeñez al empuñar el fusil en sus manos. A algunos su apariencia les pareció ridícula al principio, el arma era casi del tamaño de su estatura, pero al empuñar el mortal instrumento, intuitivamente percibió el poder que le dotaba, su “fierro” le confería fuerza, seguridad y una insana brutalidad y pensó que le sería útil, para compensar su pequeña estatura y sus nimias fuerzas, pensó y entendió que le serviría para defenderse, pero también para atacar.

Aprendió que las armas las usan el viejo, el joven, el policía, el bandido, los que están fuera y dentro de la ley, el hombre bueno y el hombre malo…él prefería ser “hombre malo”.

Lo enseñaron a armar y a desarmar su fusil, y a darle un elemental mantenimiento, al tercer día era capaz de hacerlo como el más avezado de los reclutas.

Un sábado al despuntar el día trasladaron al Comino junto con otros 100 compañeros a un improvisado campo de entrenamiento con el fin iniciarlos en el adiestramiento del manejo de los rifles. Frente a un cerro estaban clavadas 50 blancos de cartulina aseguradas en un bastidor en la cual se apreciaba una silueta humana. El instructor les indicó que pasaran los primeros 50 tiradores, y los colocó a 15 metros de las siluetas, y les indicó que dispararan discreción sobre la que les correspondía diez disparos, cuya precisión sería calificada. Previamente se les había instruido sobre los órganos de puntería, la muesca, el grano de mira, la forma de empuñar el arma y la posición de Tiro Urbano”, poniendo especial interés en como jalar el llamador o gatillo: “No lo deben jalar bruscamente, -los alecciono el instructor- solamente deben llamar lentamente, como si fuera una caricia. No es tan difícil, hagan de cuenta que se encuentran en un stand de tiro con rifles de perdigones en las fiestas de sus pueblos… es lo mismo…

El Comino embrazó su arma, apoyó la cantonera de la culata de su AR-15 sobre su clavícula y hombro, controló su respiración, alineó la muesca y el grano de mira contra la silueta y disparó jalando suavemente el llamador de su fusil de asalto con una cadencia y un ritmo innato. El ruido producido por los disparos simultáneos de 50 fusiles era estremecedor, pero ni tal estruendo desconcentró al Comino en sus disparos. Cuando se acercó el instructor a la silueta No. 25 que era contra la que había disparado El Comino, quedó sorprendido, 7 de los diez disparos que había hecho habían impactado en partes mortales del cuerpo represen por la silueta, dos en la cara, tres en el pecho y dos en el abdomen, y se ganó la felicitación del instructor y el reconocimiento de sus compañeros. Ya en la noche, después de haber ingerido su magra cena, comentó con sus más allegados, presumió de la precisión de sus disparos y aprovechó para pedirle a sus compañeros que a partir de ese momento ya no se refirieran a él como El Comino, •”díganme Comandante Extreme”, dijo en tono solemne; todos rieron de buena gana, y a partir de ese momento comenzaron a referirse a él con la nueva clave: “Comandante Extreme”…

Con el paso de los días. Y al irse acumulando el número de disparos realizados con el fusil AR-15 el antes llamado Comandante Comino perfeccionó más su destreza y afinó más su puntería. Por fin llegó el día de la prueba final, nuevamente los 100 aspirantes a sicarios se trasladaron hasta el improvisado stand de tiro, pero en esta ocasión la indicación del instructor fue que los disparos se iban a realizar a una distancia de 40 metros, y que los disparos solamente contarían como puntos buenos cuando se acertara en el rostro de la silueta, los primeros 50 tiradores tomaron su posición y asumieron la postura de Tiro Urbano, el Extreme le tocó en esta ocasión la silueta No. 15, el instructor apodado el Turko dio la orden de preparar, esperó unos segundos, y dio la siguiente orden apuntar, e inmediatamente ordenó ¡fuego!. Durante varios segundos se escucharon las ensordecedoras descargas de los R-15 y de los cuernos de Chivo, y aproximadamente 15 segundos después, el campo de entrenamiento quedó en completo silencio, el Turko fue recorriendo lentamente y calificando los disparos en cada una de las siluetas, y a todo aquel de que los diez disparos habían acertado 7 en la cara, los iba apartando del grupo, al llegar a la silueta número 15, sobre la cual disparó El Comino, El Turko volteo a verlo y le sonrió, vaya nada más pegaste 8 en la cabeza, y con un ademán lo aparto para el grupo de los mejores tiradores. Posteriormente se dirigió hasta ellos y les dio la noticia: ¡Ustedes ya están listos para la guerra!

Al hora llamado Comandante extreme lo tocó la suerte de que lo asignaran como soldado en una “estaca” asignado a la capital del estado, su trabajo consistía en patrullar intermitentemente algunas zonas asignadas previamente y a dar seguridad a los “puntos” es decir a los lugares donde regularmente se distribuía venta de cocaína y marihuana. Su sueldo era de 4 mil pesos a la semana más sus “buscas”, mismas que fácilmente duplicaban su sueldo asignado.

Un día domingo, del mes de septiembre, aproximadamente como a las 19:00 horas la central de radio le informó al comandante de la estaca a la que pertenecía que habían recibido informes de que por un Hotel del centro de la ciudad se encontraban hospedados tres “contras” es decir tres soldados de un cártel contrario y le ordenaron se dirigieran al hotel y a sus inmediaciones a realizar las investigaciones correspondientes. Al llegar al lugar el comandante de la “estaca” comisionó al Comino para que bajara de la unidad en que viajaban y pie-tierra hiciera algunas preguntas a los comerciantes que trabajaban en las cercanías del hotel, y comenzó a preguntar acerca de individuos sospechosos con características no propias de los habitantes de la ciudad, quienes probablemente andaban armados y a bordo de camionetas y carros de lujo de modelo reciente, recibió algunos datos vagos y se dirigió hasta la entrada del hotel para seguir con sus pesquisas, cuando de improviso se vio rodeado de tres jóvenes malvivientes con la apariencia fiera y ruda de pandilleros urbanos, quienes de manera prepotente le exigieron al Comino les diera el dinero que llevaba en sus bolsillos, El Comino al sentirse agredido dio unos pasos hacia atrás y de in mediato desenfundó una pistola calibre .38 súper, que llevaba escondida bajo su holgada chamarra y sin más disparó a boca de jarro en contra de sus atacantes quienes cayeron fulminados por los aguijones de plomo que atravesaron sus cuerpos, al escuchar las detonaciones de la pistola, los acompañantes del comino corrieron a auxiliarlo y cuando llegaron al lugar vieron tres cuerpos inertes flotando sobre un lago hemático, conminaron al comino a correr hasta el vehículo en que viajaban abordaron precipitadamente del lugar precipitadamente, sin que nadie les impidiera la huida.
Como ustedes comprenderán este bautizo de sangre hizo crecer en popularidad al Extreme dentro del grupo delincuencial al que pertenecía…

-”Eres cabrón mi Extreme como reconocimiento te voy a presentar a mi hermana para que seas mi cuñado...”
Lo comentó socarronamente en cierta ocasión uno de los altos mandos al comino.

Y así transcurrió la vida del pequeño comandante Extreme, dando protección a los puntos de venta de droga (“tienditas”), extorsionando a comerciantes, halconeando (trabajos de vigilancia en la ciudad sobre vehículos sospechosos en los que viajaran “contras”) y alertando sobre los desplazamientos de las diferentes fuerzas del orden que recorrían la ciudad. Sin olvidar la recaudación de cuotas por motivo del cobro de piso a comerciantes y venta de “protección”.

La vida del sicario por lo general es muy corta. “Siempre tienen un pie en la tumba, y el otro en la cárcel…No hay más alternativas.

No obstante a que estos “ceros sociales” consideran al grupo criminal al que pertenecen como su familia, en donde encuentran protección, calor humano, aceptación, y reconocimiento, le verdad es que son considerados por sus jefes como carne de matanza, como integrantes perfectamente sacrificable, simples “fusibles humanos”, quienes más temprano que tarde son enviados sin misericordia al martirio y al sacrificio.

Una noche lluviosa el Extreme y compañeros sicarios de otras “estacas”, se encontraban en un paraje solitario en los suburbios de la ciudad, cuando intempestivamente se vieron rodeados por un nutrido número de soldados, no tuvieron oportunidad de echar mano a sus armas, mucho menos oportunidad de huir. Luego fueron trasladados a la zona militar en donde fueron duramente interrogados, sometidos a crueles torturas y a trato inhumano, para finalmente ser vencida su resistencia y roto el frágil código de silencio que les habían impuesto sus jefes y como era de esperarse abrieron peligrosamente la boca.

Fueron seis los sicarios detenidos por los militares. Cuarenta y ocho horas después en forma sorpresiva El Extreme obtuvo su libertad y de inmediato se presentó ante sus jefes a quienes argumentó que había obtenido su libertad al soportar estoicamente los duros interrogatorios y torturas a los que había sido sometido por los soldados con la intención de obtener información respecto al grupo criminal al que pertenecías: identidad y número de sus integrantes, ubicación de casas de seguridad, capacidad de fuego, ubicación de puntos de venta”, etc., y de todo dio una amplia explicación en forma serena…sin in mutarse, mostrándose más bien orgulloso de su discreción y lealtad al grupo…Pero había algo que no convenció al jefe máximo.

Se le ordenó que se incorporara a una nueva “estaca” (la “estaca” es la unidad de combate de algunos grupos criminales, constituida, por un comandante, un jefe de grupo y dos soldados, “montados” en una camioneta) y de inmediato se trasladó hasta un lugar de la agreste sierra…pero sin que él lo supiera desde ese momento fue sometido a estrecha vigilancia sin que él se diera cuenta dos días después de incorporarse a su nuevo grupo, se encontraba en compañía en lo alto de la sierra alrededor de una gran fogata, platicando sus aventuras y liando cigarrillos de marihuana que consumían con deleite, de pronto El Extreme se levantó y comentó que iba al baño, se perdió entre los matorrales, el comandante jaguar hizo una ligera señal a otro de los sicarios a quien apodaban el escorpión para que lo siguiera y sometiera a vigilancia…A los pocos minutos el corpulento Escorpión regresó llevando inmovilizado y sometido al diminuto comino, a quien había sorprendido enviando mensajes telefónicos acerca de su ubicación y probables actividades y cuyo destino era un mando militar con quien había negociado su libertad a cambio de traicionar a la organización.

En esta ocasión El Comino fue duramente interrogado por sus mismos compañeros, quienes sin misericordia alguna, tratándolo como un vulgar y repulsivo traidor fue sometido a infames y crueles torturas hasta que proporcionó el número de veces que había enviado información y la clase de esta. El Extreme, pedía perdón, con sus ojos inundados de llanto, juraba que en adelante su lealtad sería sólida y completa, lloraba…suplicaba por su vida. Bien se sabe que en los grupos criminales nadie es indispensable…Tampoco se perdonan errores ni mucho menos traiciones.

El fin de “El Comino” o “Comandante Extreme” fue terrible, ultimado a palos, decapitado, lo cual lo señalaba como traidor y por último reducido a polvo mediante incineración…

Muy cerca del lugar del holocausto, como mudo testigo y única evidencia de lo sucedido quedo únicamente un tenis Nike a medias consumido por el fuego.

Julio Alfredo  Ceballos Alonso

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