"PEÑITA,un CAFE por FAVOR"... la "transación" de jovenzuelo servidor de café a presidente ladronzuelo.

Hace tiempo un amigo empresario me platicó que, en la época de Arturo Montiel, él y sus socios solían ir mucho a Toluca para entrevistarse con el gobernador del Estado de México. 

Entonces, el grupo de empresarios se encontraba muy interesado en invertir en un centro comercial. En esa época Enrique Peña Nieto, colaborador de Montiel, era un joven cuyas ambiciones políticas eran más que evidentes. 

De allí que su tío procurara relacionar a su sobrino con todos los sectores con el fin de que comenzara a posicionarse para cuando llegara a ser candidato a la gubernatura de su estado. Cada vez que los inversionistas llegaban a la oficina del gobernador, lo primero que exclamaban era: "Peñita, un café por favor". 

El jovenzuelo corría hacia donde se encontraba la cafetera y preparaba varios cafés para estos señores tan importantes y tan ricos. Muchos de entre esos socios le siguen llamando a Peña Nieto, de cariño, "Peñita".


Pienso que nunca como ahora, y especialmente después de las elecciones del Estado de México, el apodo le había quedado al presidente de la República como anillo al dedo. 

Si tomamos en cuenta la reciente encuesta que hiciera Consulta Mitofsky respecto a su popularidad, leemos alarmados que a principios del mes de mayo apenas contaba con un raquítico 19 por ciento de aprobación. 

No obstante, frente a los miembros de su gabinete, al INE y al 30 por ciento de mexiquenses que votaron por Del Mazo, EPN todavía cuenta con cierta popularidad. No mucha, ya que para los estados de Veracruz y de Nayarit, Peña Nieto se convirtió en "Peñita", tal como lo advertimos muchos en el resto del país.

A pesar de que muchos priistas canten victoria con el supuesto triunfo de su partido en el Estado de México, no hay duda de que nadie cree que el PRI hubiera ganado las elecciones limpiamente. Los que insisten en votar por el tricolor hacen como que le creen, pero en su fuero interno, escuchan una vocecita que los hace dudar respecto a si lo sucedido en el Estado de México fue o no fue una "elección de Estado": "may-be, perhaps, quién sabe...", piensan por un segundo para que de inmediato rechacen su mal pensamiento. Cuando Enrique Ochoa escucha, en las mesas de debate, a los presidentes de los otros partidos lanzar toneladas de recriminaciones contra el PRI, lo único que hace su respectivo líder es poner cara de que le habla la Virgen; abre los ojos grandotes, vacía la mirada y sonríe con la boca abierta, como si en esos momentos su alma se esfumara por completo. 

Como ya no tiene argumentos para defender a su partido, desprestigiado por los priistas ex gobernadores que están presos o prófugos, Ochoa se limita a atacar a López Obrador en los términos más insultantes y despectivos. ¿Por qué el cinismo de recurrir a los pasados acontecimientos conocidos por todos como, por ejemplo, "las ligas" de René Bejarano, tal como recordara en una entrevista radiofónica que le hiciera ayer nuestra compañera colega Adriana Pérez Cañedo, cuando los verdaderos ladrones que no reconocen límite alguno al dejar a sus estados en la inopia son los priistas? Basta recordar los escándalos, esos sí, actuales de los Duartes, de Borge, etcétera, etcétera.

¿Por qué en cada elección, y sobre todo en la del Estado de México, el PRI sigue lucrando con la pobreza de millones de mexicanos? ¿Acaso esto no es inmoral? ¿Por qué continúa tratando al electorado como si fuera menor de edad? ¿Por qué el PRI hace todo para que no exista la democracia en nuestro país? ¿Por qué todo lo contamina, lo empequeñece y lo degrada? ¿Qué no les han bastado los 88 años en el poder y las montañas de corrupción que tiene su partido ante los ojos de todo el mundo? Hace apenas unos días escuché un programa de radio en "France Culture", en donde hablaban de la matanza de Tlatelolco de 1968 y del gobierno corrupto y autoritario de Díaz Ordaz. Para aligerarlo un poco, como música pusieron los grupos de rock en español que tocaban en esa época. Tuve ganas de llorar.

Ni modo, Enrique Peña Nieto nunca dejó, ni dejará de ser, "Peñita".

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