¿Que hay detrás de la industria de los narcovideohomes"

Aurelio Rivera, jefe del cartel de Sonora, ordena el asesinato de Israel, hermano del capo más famoso de Culiacán. Aunque aliados, la traición de Rivera acabará con el pacto entre ambas bandas. 

El Jaguar (John Solís), jefe de una célula de sicarios al servicio del capo de Culiacán, es el encargado de cobrarse con sangre la muerte de Israel. El convoy de sicarios debe viajar a terreno adverso, en Ciudad Obregón, donde todos –incluyendo a la policía local- trabajan al servicio de Rivera. En la cueva del lobo, el Jaguar deberá poner a prueba su sangre fría para cumplir la misión.

Es el argumento de El Bazukazo, uno de los narco videohomes más populares de la compañía JS Films, con sede en Costa Mesa, California. Desde su lanzamiento ha vendido en Estados Unidos más de 30 mil copias en formato DVD. Pero también es un argumento casi genérico, adscrito a casi todos los narco videohomes producidos y comercializados en la frontera norte.


Las mismas historias de venganzas, traiciones, peleas por la plaza, ascenso-descenso de capos; todo, aderezado con el desfile de camionetas de lujo, fiestas ambientadas con banda sinaloense, whisky a borbotones y rubias despampanantes.

Con antecedente directo en el cine de narcos de los setenta, también conocido como ‘Cabrito Western’ o ‘Chili Western’, que tenía en los actores Mario y Fernando Almada, Valentín Trujillo y Ana Luisa Peluffo, los estandartes más populares; cintas como Contrabando y Traición o La Banda del Carro Rojo, dieron pie al actual narco videohome que ahora encuentra su público más numeroso en la comunidad latina del sur de Estados Unidos.

Para el crítico de cine Ernesto Díezmartínez Guzmán, el éxito de los videohomes en este sector de la población del sur de Estados Unidos, se debe básicamente a la nostalgia que impone a los inmigrantes la lejanía con la tierra natal.

“Ver este tipo de película es una forma de seguir conectado con su gente, con su tierra, con sus problemas. Es el mismo fenómeno del éxito de los narco corridos, incluso en gente que nació allá y que, aún más, ni siquiera hablan español de manera fluida”, asegura Díezmartínez.

Debido a que los videohomes no son proyectados en ninguna sala de cine, su medio de distribución natural son el DVD y la transmisión en televisión por cable. Pero como en México el mercado del DVD es escaso, pues de acuerdo con la Asociación Protectora de Cine y Música AC, el 89% de los DVD vendidos en México son piratas, el mercado natural para los productores de videohomes está en los latinos que viven en Estados Unidos.

El productor ejecutivo de la compañía MCM Studios (anteriormente conocida como Raza Mex), Moisés Pérez, está consciente de este problema. “Nosotros no hacemos DVD ya que la piratería nos arrebató el negocio, –dice- sólo vendemos los derechos para la realización de películas en DVD en Estados Unidos”.

Raza Mex, o MCM Studios, es una de las siete compañías productoras de este tipo de películas asentadas en México. Hasta hace unos años, su especialidad eran las ‘comedias sexy’, historias de cholos y cintas de terror; pero con el boom de la cultura del narcotráfico, han tenido que entrarle al narco videohome (con mucho éxito). De esta manera, compañías como Baja International Films (con sede en Tijuana y San Diego), han logrado colocar hasta 90 mil copias de sus productos en la cadena de supermercados Wal Mart, K-Mart y en la tienda de autoservicios 7 Eleven, en los estados que hacen frontera con México; esto, aunado a los cientos de videoclubes que rentan o venden exclusivamente material de este tipo, así como las ventas generadas vía Internet a través de Amazon.

Por si fuera poco, Baja International Films ha conseguido asociarse al canal de televisión TV Mex, con sede en Los Ángeles, cuya programación es exclusiva para el mercado hispano y que, todas las tardes, transmite alguno de los más de 300 filmes que ha producido Baja, desde su fundación en 1994.

De esta manera, una industria aparentemente inofensiva y despreciada por la generalidad de los cineastas, genera ganancias que, según Juan Manuel Romero –dueño de JC Films- ascienden a los 30 millones de dólares anuales. Nada mal si se toma en cuenta que el costo de un videohome oscila entre los 20 y 50 mil dólares.

Detrás del video

Las condiciones de realización de un videohome son apresuradas; de ahí lo elemental de su lenguaje y la pobreza de sus recursos artísticos. Una semana para la preproducción (búsqueda de actores, locaciones, permisos, etc.), dos de grabación y una más para la edición. Así, una de estas películas debe estar lista en un mes; esta es la razón por la que directores, como Enrique Murillo –consentido de Baja International- han podido dirigir hasta 10 películas en un año.

Las compañías no sólo cuentan con su propio equipo de grabación, también tienen todo un star system que incluye a actores profesionales como Jorge Reynoso (quien cobra 40 mil pesos por aparecer en una película de éstas), Gabriela Goldsmith (25 mil pesos), Luis Gatica (30 mil pesos), Luis Felipe Tovar (quien ha llegado a cobrar hasta 100 mil pesos), Sergio Goyri, Mario Almada, Alberto Estrella y Valentín Trujillo Jr, entre otros. Además de los actores ‘hechos’ por la propia compañía, como Óscar y Fabián López; dos muchachos virtualmente desconocidos en todo el país, pero que cuentan con un fiel club de seguidoras al otro lado de la frontera.

Pero, ¿acaso los narco videohomes –con su escenificación de los corridos violentos y su réplica (mesurada) a los videos de tortura y asesinatos colgados en la red por presuntos miembros de cárteles, refleja la cultura del narco? Para Díezmartínez sí. “Retratan una forma de vida y son, al mismo tiempo, crítica y proyección de esa misma forma de vida. Aunque en algunos casos puede haber elementos moralizantes, este tipo de obras no renuncian jamás a mostrar el lujo, la emoción, la violencia en la que viven y mueren los narcos”. De ahí que, queriéndolo o no, son un medio para “exaltar esta forma de vida”.

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