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“8-9” EL NARCO QUE SE ENFRENTABA A MILITARES Y CORPORACIONES EN TIJUANA

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Se inició en la década de los 90 como ayudante de Ismael Higuera Guerrero, El Mayel (extraditado en enero de 2007 a Estados Unidos), lugarteniente de los Arellano y uno de los “pasadores” de droga más eficaces que ha tenido la organización.

Desde sus inicios, El Cris se caracterizó por su extremada violencia. Tras la captura de El Mayel, en mayo de 2000, se integró de lleno a la banda encabezada por Efraín Pérez Pazuengo, El Efra, quien fue sicario de Higuera Guerrero.

Gracias a su habilidad para los secuestros, levantones y ejecuciones, El Cris obtuvo la venia de los jefes del cártel de Tijuana para crear su propia célula y hacerse cargo de la zona Este de Tijuana, que comprende las colonias Cerro Colorado, El Florido y Mariano Matamoros, entre otras.

Luego de la captura de Benjamín Arellano Félix, en febrero de 2002 en la ciudad de Puebla, Francisco Javier Arellano, El Tigrillo, asumió la jefatura del cártel y designó a Manuel Arturo Villarreal Heredia como su jefe de sicarios. Ambos serían capturados en febrero de 2007 por la Guardia Costera de Estados Unidos a bordo del yate Dock Holliday. (Proceso 1582)

El llamado “Nalgón” tuvo a su cargo el nombramiento de células y dividió por zonas la ciudad de Tijuana. Gracias a sus buenos oficios, El Cris obtuvo como premio un área para sus actividades criminales.

En 2004, El Cris integró su banda con sus hermanos Teodoro García Simental, a quien también se le conoce como Eduardo o Diego García Simental. Al grupo se sumó Juan Manuel, el hermano menor, apodado El Chiquilín.

Pero El Cris pronto caería en desgracia. El 22 de junio de 2004 un grupo especial de la SIEDO lo ubicó a él y a sus escoltas cerca del Boulevard Cucapah, en la zona Este, y se desató una balacera y una persecución.

El Cris alcanzó a llegar a su casa, en la colonia Loma Dorada, en donde se pertrechó por varias horas y abrió fuego con una ametralladora calibre .50 en contra de los agentes federales, antes de intentar huir en una camioneta blindada.

La superioridad numérica de los policías federales, auxiliados por policías de otras corporaciones, se impuso frente a la extrema violencia del narcotraficante. Un escolta cayó muerto, otro resultó herido y El Cris –también apodado El 89 – fue aprehendido. Así se comenzó a escribir la historia sanguinaria de Teodoro García Simental, El Teo.

En un narco-corrido, en el que se exaltan las hazañas de El Cris, se cuenta que, al enterarse de la detención de su hermano, El Teo pretendió rescatarlo junto con su grupo de sicarios, pero al ver de lejos que era imposible prefirió la retirada.
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