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Vivió 5 años en Chipilo capo del CJNG sin ser molestado

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Ricardo Pacheco Tello alias ‘El Quino’ o ‘El Nacatero’, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en Veracruz, vivió cinco años en pleno centro de la comunidad de Chipilo sin ser molestado o identificado. Desde este centro de operaciones ordenó el pasado 24 de junio el asesinato del comisario de la PF en ese estado, Juan Camilo Castagné. 

Durante cinco años, Ricardo Pacheco Tello alias ‘El Quino’ o ‘El Nacatero’, tuvo su residencia particular en Chipilo de Javier Mina, desde la cual, operaba secuestros, robos y recientemente la trasquila de gasolina sin ser molestado durante sus constantes viajes a Veracruz, en donde ordenó el 24 de junio pasado el asesinato del comisario de la Policía Federal en aquella entidad, Juan Camilo Castagné.

En la casa número 10 del fraccionamiento Santa Rosa, en la calle del mismo nombre, este líder de una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), perdió la vida durante el enfrentamiento suscitado el pasado viernes contra elementos del Servicio de Inteligencia de la Marina.  

El criminal más buscado en Veracruz, eligió una elegante y discreta residencia de dos pisos. La calle Santa Rosa colinda con dos fábricas que exportan muebles a otros estados, y es habitada desde hace muchos años por familias muy religiosas.

A dos días del enfrentamiento —que a decir de vecinos— duró más de dos horas, la avenida, el fraccionamiento y la residencia del capo, no están resguardadas por la policía ni por las Fuerzas Federales.

Desde hace cinco años la casa estaba rentada

Dos días después del enfrentamiento entre elementos de la Marina y presuntos integrantes del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), los lugareños se dicen sorprendidos de haber tenido como huésped a un ‘narco pesado’, aseguran que los delincuentes jamás se metieron en problemas y tampoco protagonizaron un escándalo.

Entrevistados, vecinos del lugar aseguraron no tener memoria de sus rostros, y sostuvieron que la propiedad fue comprada hace cinco años por prestanombres del municipio de Córdoba, Veracruz, quienes liquidaron en pagos la propiedad.

Los ‘chipileños’ se muestran un tanto inquietos, observan con detención a la gente que arriba a su comunidad y que parece ser de fuera. Algunos se atreven a preguntar el lugar de origen a uno que otro turista que arriba para consumir sus famosos helados y comprar quesos.

No sabían que tenían a un sicario de vecino

Una de las vecinas explicó que no conocía a los huéspedes de la casa del fondo del pequeño fraccionamiento, pero narró que fue un hecho conocido la venta de dicha propiedad, lo único que se supo de los nuevos vecinos es que eran de Córdoba (Veracruz).

“Nunca tuvimos ningún problema con ellos, ni tampoco hubo un movimiento que nos indicara que se trataba de delincuentes. La casa fue vendida hace cinco años, se sabe que los que la compraron eran de Córdoba Veracruz”, dijo.

Chipilo es una comunidad hermana de Segusino Italia, donde la mayoría de los aldeanos se conocen entre sí, pero no se percataron que un ‘pez gordo del narcotráfico’ era su vecino, hasta el mediodía del viernes, cuando elementos de la Marina encabezaron un operativo en pleno centro de la comunidad, que desató una balacera en la que perdió la vida ‘El Quino’ y resultaron detenidos otros tres integrantes del CJNG; Luis Raúl N, Judith N, y Juliana N.

“Esa gente no se dejó ver, fueron realmente muy discretos, no hay datos de que se suscitaran delitos en esta comunidad, de esos que cometen los narcos. Parece que sólo ocupaban la casa como mero resguardo”, abundó otra de las sondeadas.

Pacheco Tello era uno de los capos más buscados de Veracruz, por el cual, el gobernador Miguel Ángel Yunes, ofreció una recompensa de un millón de pesos a quien aportara información que diera con su paradero. Esto luego de que se le involucrara con el asesinato del comisario de la Policía Federal en Veracruz; Juan Camilo Castagné, y el inspector José Rigoberto Peña. 

Escuché una tronadera: vecinos

“Eran las once de la mañana, iba atravesando mi patio para salir a barrer mi banqueta, y oí una tronadera, pensé que se trataba de un corto en los postes de la CFE. Me asomé y dos camionetotas con Marinos disparando, me dijeron métase y no salga. Pasaron 11 horas para que mi nieta pudiera entrar a casa, y yo pudiera salir”, narró una vecina de la avenida Santa Rosa.

Una joven abuela que vive en una casa cercana al fraccionamiento, comentó; “así como lo ves de tranquilo, así siempre es Chipilo. No puedo creer que un tipo así, haya estado entre nosotros sin que nos diéramos cuenta. Le platico a mi vecina, que somos gente muy religiosa, hay muchos niños en esta vialidad y al saber lo cerca que estuvimos de esas personas, se nos ponen los cabellos de punta”.

Para la tarde del domingo, residentes del fraccionamiento se negaron a hacer declaraciones y aseguraron que no conocían a los vecinos, y que al interior de la residencia había policías.

“No sabemos nada, no vimos nada, sólo oímos la balacera el viernes, y nos encerramos en casa. Por seguridad tampoco queremos que nos estén cuestionando, porque no sabemos nada”, respondió uno de los residentes.
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