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"El Chapo" Guzmán vio como sus hijas le dicen adiós

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Como cada vez que Joaquín Guzmán Loera entra en la sala 8D de la Corte del Distrito Este de Nueva York, vestido con traje azul y camiseta marrón, sin esposas y con las manos en la espalda, la primera mirada fue directa al público para ver caras conocidas, familiares que no haya visto en los casi siete meses que lleva encarcelado en el Metropolitan Correctional Center (MCC).

El lunes, en la tercera audiencia preparatoria para el juicio por 17 delitos criminales, le esperaba una sorpresa: las mellizas María Joaquina y Emali estaban en la segunda fila. Era la primera vez que sus hijas de cinco años veían a su padre desde su extradición a Estados Unidos.

En un gesto inusual, El Chapo levantó el brazo derecho a modo de saludo. Las mellizas sonrieron. Impecablemente vestidas de azul oscuro, con ribetes rojos y un collar con una minúscula cruz colgando en el pecho, las niñas pasaron la corta audiencia observando a su familiar, jugando con su mano como si fuera un telescopio, en un juego infantil para poder ver de cerca a su papá.

El hombre, más delgado, desertó de hacer caso de lo que sucedía en la sala, casi sin prestar atención a lo que el traductor le decía. Cada vez que podía giraba su cabeza para ver como sus hijas menores se tocaban el pelo. Les alzaba las cejas a modo de sorpresa paternal o de saludo, como si quisiera decirles: “Sí, las veo”.

En octubre de 2015 “el rescate de Botas, un changuito que Guzmán Loera regaló a sus gemelas y que bautizaron como al que acompaña a Dora, la exploradora, la pieza clave para dar con el paradero del líder del Cártel de Sinaloa tras su fuga de El Altiplano”.

El criminal encargó a sus cercanos la misión de llevarlo a la comunidad Bastantitas de Abajo, municipio de Tamazula, Durango. Los encargados de la indagatoria detectaron una serie de intentos por conseguir los permisos sanitarios para que el animal volara a Culiacán: en Semarnat, en veterinarias y en Aeroméxico; sin embargo, no les firmaron los papeles, así que no les quedó más que trasladarlo en carretera.

“Los investigadores descubrieron a Botas en Sinaloa, a bordo de un Mustang rojo. Sabían que la mascota los podía llevar hasta su objetivo. Fue la pista contundente para luego lanzar las operaciones de la Marina en la sierra”.

De comportamiento ejemplar. María Joaquina y Emali se comportaron de forma impecable en la audiencia, sentadas sobre la falda de su madre, Emma Coronel, y la abogada de la familia en México, Silvia Delgado.

Coronel no vistió con nada de color llamativo como en las anteriores ocasiones. Pareció que cedió la función de punto de referencia a Delgado, con su vestido amarillo mostaza.
La comitiva familiar la completó Bernarda Guzmán, hermana del criminal. Todo indica que ella será la primer familiar que, este jueves, podrá entrar al MCC para visitar al narco.

La segunda fila del flanco derecho de la sala 8D era un bloque compacto de allegados de Guzmán Loera. La rapidez de la audiencia (no llegó a los 13 minutos) provocó una despedida precipitada. El hombre vio cómo sus hijas tímidamente levantaron sus manos para decirle adiós. Los agentes lo giraron y quedó de espaldas.

Nadie pudo confirmar que el delincuente sepa que este jueves un familiar lo va a visitar. En caso de que sea consciente, es el halo de luz que va a dominar esta semana en su celda: el momento en el que presumiblemente su hermana Bernarda, la única que habría conseguido la autorización de las autoridades, lo vaya a ver.
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