“Estuve aproximadamente dos o tres horas desangrándome”: víctima de disparos de bala por parte de policía federal

“El gobierno es lo peor que puede existir, no valoran a su gente. Nos ataca, nos humilla, nos maltrata”, dicha visión se la forjó Porfirio Contreras Perez, luego de ser herido con un impacto de bala que le destrozó una parte del rostro.

“A mi me hirieron con un impacto de bala en el pómulo izquierdo, lo cual me destrozó parte del hueso, porque la bala quedó incrustada. Esa mañana yo salí a correr, cuando me percaté del ruido de las bombas y es justamente cuando llego atrás del panteón que veo a los federales que están avanzando muy rápido. Intenté regresar a mi casa pero como no pude hacerlo por la carretera tomé otra ruta. Pero los policías ya estaban en ese punto.

Por lo que corrí a esconderme a una casa, los vi a metros de mí, después salí corriendo, ahí se dieron cuenta de mi presencia. Eran como cinco. Me vieron y se me detuvo el tiempo; un federal le avisó a su compañero de enfrente, uno le pidió algo al otro, el de atrás estiró la mano y me disparó, prácticamente yo vi de frente al que me disparó”, declara Porfirio Contreras.

En ese momento perdió toda la fuerza de su cuerpo. No se podía levantar y dentro de él escuchó un crujido muy intenso. Por miedo y por los rumores que hablaban de la posibilidad que policía entrara a los hospitales de Nochixtlán, Oaxaca, luego de aquel enfrentamiento, el 19 de julio de 2016, es que Porfirio se quedó en casa. La herida no se la curaron hasta después de tres días.

“Me operaron hasta agosto porque por lo mismo del miedo no nos querían dar atención médica. Tal vez pensaban que podían perder su trabajo. Fui a una clínica particular pero el doctor no se quiso arriesgar por la zona en la que estaba incrustada la bala. Estaba muy cerca de la vena principal que lleva al corazón y al cerebro”, relata.

Ahora mismo las complicaciones es su oficio son mayores, las secuelas afectan su desempeño, ya que siendo panadero debe estar en contacto con el calor y cargar cosas pesadas. Precisamente lo que los doctores le han prohibido hacer. “Cuando tengo una familia que mantener. Estoy tan mal que enfermarme de una simple gripa podría afectarme severamente”, comenta.

Sobre la masacre en Nochixtlán, Oaxaca, el Doctor John Ackerman afirma a Revolución TRESPUNTOCERO que existe como principal preocupación la impunidad en el caso. “A un año de la masacre las instituciones no han hecho nada, es increíble el congelamiento de la justicia, la indolencia y la complicidad absoluta de las dependencias de procuración de justicia y también de la CNDH.

La cual atrae el caso muy rápidamente no deja que el ombusman local actúe y congela el expediente y hasta el 17 de junio de 2017 llega a Nochixtlán. A un año del incidente no ha emitido ninguna recomendación y no hay medidas cautelares de ninguna de las instancias”.

A esto suma que no existe una investigación formal con respecto al asesinato y agresiones a las víctimas. “Las únicas que han avanzado son aquellas que colocan a las policías como víctimas; se han violado acuerdos a los que llegaron con el procurador con respecto al acompañamiento y las condiciones para la declaración de las víctimas, quienes no lo han hecho ya que no tienen confianza con respecto a la voluntad y objetividad de las instancias de procuración de justicia”, indica el académico.

Que suma, “la impunidad brutal que es una agresión más en contra de las víctimas, quienes no solamente recibieron balas y murieron ahora son burlados por las instituciones de cooperación de justicia y derechos humanos, que están en su contra”.

Sobre la comisión de Mariana Gómez del Campo, señala que “es otra burla, no hay ni un solo policía herido por arma de fuego lo que tenemos aquí es una masacre brutal en contra de un pueblo indígena. Es un crimen de lesa humanidad y sí se puede llevar a la corte penal internacional”.

Ackerman reitera que no fue una simple violación a los derechos humanos, fue operativo planeado desde las más altas esferas a nivel estatal y federal, “incluso internacional porque Estados Unidos estaba preocupado por el bloqueo de los maestros que ya le afectaba el suministro de petróleo y la seguridad regional”.

Lo cual califica fue “una estrategia coordinada para sembrar miedo y desarticular un gran movimiento social y un ataque directo contra un sector de la población, siendo la masacre absolutamente transparente a plena luz del día, cuando uniformados atacaron directamente a un pueblo, porque a este gobierno no le importa el pueblo”, puntualiza.
Hace un año, Aaron José Cruz Reyes, tenía 17 años. Y ahora es también un ejemplo de cómo la policía disparó a matar aquel 19 de junio. De acuerdo a su testimonio, ese día por la mañana pudo observar desde su casa como en la carretera había humo en grandes cantidades, para después ver pasar pobladores con palos y machetes.

“Se me hizo raro pero no quise tomarle importancia, pero escuché en la bocina del pueblo la voz de una señora muy triste y desesperada pidiendo apoyo. ‘Necesitamos material de curación hay personas heridas’, pero yo no sabía por qué lo estaban pidiendo, pero me conmovió esa voz, me hizo sentir algo por eso fui. Cuando estuve a dos cuadras de casa comencé a sentir un olor a gas, como que picaba y daban ganas de llorar, también nauseas pero seguí hasta llegar a la carretera y vi las dos plataformas de pollos que se estaban quemando.

Había mucho caos, no parecía real. Intentamos liberar a los pollos porque estaban ardiendo y en ese momento comenzaron a gritar ¡Ahí vienen los federales!, cuando volteo veo como pasa un helicóptero y en efecto ahí venían los policías por lo que retrocedí junto con la gente que estaba ahí, mientras aventábamos piedras. Retrocedí un poco hasta la entrada del panteón”, narra Aaron José Cruz Reyes.

En ese momento un federal comienza a gritarme de groserías, continúa narrando, en eso veo como un policía me señala y en cuestión de segundos caí. Sentí un impacto en la pierna y como puedo me giro un poco para reclamar que me habían dado una pedrada, alguien preguntó qué me había pasado cuando ya no podía levantarme.

Aaron señala que “entre tres personas me sacaron de ahí y me trasladaron donde están las lápidas. En eso me dispararon con dos cilindros de gas uno me llegó a pegar en el codo y otro me rozó las costillas. Después me llevaron al centro de salud, ahí me entregaron el teléfono y es cuando veo que tiene un hoyo por una bala. Hasta ese momento supe que me habían herido con arma de fuego.

Estuve ahí aproximadamente dos o tres horas desangrándome, después pude ir a otro para que me pusieran una transfusión de sangre. Y me dijeron que de inmediato necesitaban operarme porque de lo contrario podía perder la vida porque me habían dañado una de las arterias principales”.

A más de un año de los hechos, Aaron continúa caminando con la ayuda de un bastón, después de tres intervenciones quirúrgicas. Y asegura que “debido al daño que me produjo la bala me tuvieron que retirar la mayor parte de los cuádriceps de la pierna, prácticamente en esa pierna no tengo músculos, también me taladraron la rodilla.

Me hicieron un hueco para que me metieran una atracción y estuviera jalando para que los huesos no chocarán. Ésta es una secuela que voy a tener de por vida, por ese hueco cuando hace frío me duele la pierna, la tengo más sensible, tengo dolores musculares y los dedos los tengo dormidos algunas veces”. asegura el joven.

Si la tercera operación no funciona, podría haber una cuarta donde tengan que extraer huesos de la cadera para introducir injertos.

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