"Mataremos a cualquier poblador", pese a amenazas del narco, pobladores regresan a Chilapa

Después de dos meses de exilio, Margarita López ha vuelto a casa. Su hogar, en Ahuihuiyuco, municipio de Chilapa, Guerrero, luce “más descuidado”, dice. Sus marranos se murieron, se los comieron los perros y dos caballos desaparecieron. “Eso es lo que íbamos a comer, ahora tendremos que deber dinero”, cuenta, mientras alimenta a las pocas gallinas que le sobreviven.

La familia de Margarita abandonó su casa el 9 de junio pasado, cuando criminales advirtieron a los habitantes que matarían a cualquier poblador de esta región que se quedara. Las amenazas las regaron en papeles que botaron en la explanada de la iglesia, en el centro del lugar. Luego, la psicosis se propagó por redes sociales y el 10 de junio Ahuihuiyuco y Tepozcuautla quedaron desiertos. Más de 580 familias se desplazaron.

“Vivir afuera es muy caro, por eso nos regresamos”, dice Margarita. “Yo me fui con mis dos nueras, uno de mis nietos y todos mis hijos. Lo dejamos todo, lo poquito que tenemos. Primero unos muchachones amanecieron muertos, los vinieron a dejar por aquí en la noche y luego toda la gente se empezó a ir y les dije a mis hijos, vámonos, para qué nos quedábamos aquí solitos. Que tal que venían los malandros o había un enfrentamiento”, recuerda la señora López, quien fabrica mezcal en uno de los dos cuartos de su casa de láminas y madera.

Desde hace tres años, Chilapa es tierra sin ley. La disputa por el cultivo y trasiego de amapola y sus derivados entre dos grupos criminales, Los Ardillos y Los Rojos, ha cobrado la vida de más de 500 personas, según la organización Siempre Vivos, y se calcula un número similar de desaparecidos.

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