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Maras Salvatrucha "MS-13" reclutados por cárteles

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Un pequeño grupo de integrantes de la pandilla Mara Salvatrucha, también conocida como la MS-13, se encuentra recluido en la parte más lejana de la Zona Este de la ciudad, alejados del ambiente pandillero que la mayoría de ellos solía llevar en barrios de Los Ángeles, California. Ahora prácticamente están al servicio de los grupos delictivos que asolan la ciudad, a quienes cumplen ciertos “favores” como robos, secuestros y trasiego de drogas a cambio prácticamente de sus vidas y su “libertad”; hostigamiento que poco a poca ha servido para irlos reclutando entre sus filas

Son alrededor de diez personas, la mayoría de ellos mexicanos que se involucraron con la MS-13 durante su estancia en Estados Unidos y “uno que otro” salvadoreño que nació ya bajo el seno de esta pandilla. Gran porcentaje de ellos decidieron llegar a Tijuana para alejarse de la vida pandillera que llevaban en barrios del vecino Estado de California, otros porque no quieren regresar a su país de origen y enfrentarse con “la guerrilla” por el riesgo de ser asesinados, y los menos, tratando de comenzar nuevas vidas.

La mayoría ronda entre los 30 y 35 años de edad y, aunque no viven en comunidad, habitan las colonias más alejadas de la Zona Este y colindantes con el municipio de Tecate, debido a que durante los últimos cuatro o cinco años han sido prácticamente relegados a estas zonas por los grupos y cárteles del narcotráfico, con la idea de que posteriormente no se reagruparan y se convirtieran “en una amenaza mayor”.

Situación que los ha puesto a disposición y servicio de estos grupos delincuenciales, que se están aprovechando de su “condición” para pedirles que realicen hechos delictivos “de menor rango” como robo, secuestro y trasiego de drogas hacia Estados Unidos, todo a cambio de su “libertad” y sus propias vidas, lo cual ha generado que algunos ya hayan sido reclutados cabalmente por los cárteles del narcotráfico que operan en la ciudad y que se disputan la plaza. Además que otros, queriendo cambiar sus vidas por completo, han optado por salir de esas zonas y vivir a la sombra de la sociedad y en la clandestinidad, siempre “bajo el riesgo latente de ser encontrados” por sus propias pandillas, grupos armados o las autoridades.

Tal es el caso de “Perro Negro” y “Perro Dorado”, quienes eligieron identificarse así para resguardar su integridad y la de sus familias, ex integrantes de la MS-13 quienes en entrevista con ZETA aseguraron les preocupa demasiado esta situación porque cada vez son más los integrantes o ex integrantes de la pandilla que están siendo reclutados por el narcotráfico, y ellos -ya con familias- se sienten totalmente vulnerados.

Si bien la MS-13 se fundó con salvadoreños, con el paso del tiempo también se han involucrado mexicanos en ella.

Sin embargo, autoridades consultadas por este Semanario como la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM), Policía Estatal Preventiva (PEP) y Procuraduría General de Justicia en el Estado (PGJE), dijeron no tener ningún registro sobre la presencia de Maras Salvatrucha en Tijuana, menos aún de salvadoreños pertenecientes a esta pandilla, y negaron que en la actualidad quepa la posibilidad de que estos pandilleros participen con los grupos armados, debido a que a la fecha no se ha identificado a uno solo en un hecho delictivo.

Desintegración familiar: motivo de entrada y salida de la pandilla

Con 36 años de edad, un matrimonio fallido con dos hijos de por medio, y una familia estable en la actualidad, “Perro Negro” dice tener miedo de que algo le suceda un día a sus seres queridos, luego de todo lo que le tocó vivir desde que estaba pequeño, cuando impulsados por el famoso “sueño americano”, su padre los sacó del pueblo donde vivían en un Estado del sur de México y los llevó de manera ilegal a cruzar al país vecino.

A los pocos meses de estar allá, su madre “conoció los casinos, la vida galante, las drogas y todo valió madre”, vio cómo poco a poco su familia se fue desmoronando hasta que en un punto medio, cuando ya tenía justo 12 o 13 años de edad, se vio sin rumbo y alejado del cariño que un día llegó a tener; sus padres se separaron, sus hermanos mayores tomaron otros caminos y él encontró en la calle la forma de “matar el sufrimiento”, hasta que conoció a otros jóvenes que lo invitaron a formar parte de la pandilla del barrio.

Conforme fueron pasando los años, los delitos se fueron incrementando y los encuentros con la autoridad también: estuvo preso en varias ocasiones por cuestiones de robo, violencia callejera, pleitos o alterar el orden, pero el primer cambio le llegó cuando en una riña con pandillas rivales apuñaló a dos personas, una de ellas quedando mal herida y otra que dice “falleció en el instante”.

“Perro Negro” estuvo ocho años en una cárcel que tampoco quiere nombrar porque le molesta, debido a que ahí fue donde se involucró con la MS-13 y eso lo marcó de por vida, después de que logró su libertad lo deportaron y regresó a su pueblo, pero lejos de encontrar calma regresó a Estados Unidos de manera ilegal, donde se casó y tuvo dos hijos que dejó pequeños, ya que por seguir involucrado con la “Mara”, su esposa lo abandonó y al poco tiempo lo deportaron nuevamente a Tijuana.

Luego de haber perdido a su familia “de sangre”, sus padres y hermanos, y tras haber perdido también a su esposa e hijos, decidió que lo mejor sería alejarse de la vida marera y rehacer su vida de otra forma, aunque sabía que eso le iba a costar desde poder encontrar un trabajo y un lugar donde vivir, hasta enfrentarse con la autoridad policiaca.

Pero lo que no se esperaba, era que los grupos del crimen organizado fueran los primeros que lo estuvieran hostigando y que a cambio de no hacerlo, tenía que cometer algunos robos, participar en algunos “secuestros” o en mover droga de un punto de la ciudad a otro. Así fue como conoció a “Perro Dorado” -o como ambos se conocieron-, quien también es mexicano y desde los 15 años estuvo involucrado en la MS-13.

Reclutados como mano de obra barata y efectiva

“Perro Dorado” lleva siete años en Tijuana luego de que lo deportaron tras haber cumplido también una sentencia carcelaria, él estuvo dos años “cumpliendo favores” a un grupo armado del que no sabe a qué cartel o grupo pertenecía, lapso que, argumenta, dedicó principalmente a robar en lugares como Playas de Tijuana, hasta donde se desplazaban también a cobrar cuotas a comerciantes o “levantar” gente para cobrar sus rescates.

Aunque dice que eran “cosas menores” las que él hacía y que el hecho de estar alejados de la vida pandilleril les causaba también una situación de cierta “comodidad”, tampoco querían estar “a la orden” de estos grupos criminales porque ya estaban viendo cómo de pasar de hacer favores, otros mareros estaban simplemente siendo reclutados, aprovechando que les servían como mano de obra barata y efectiva, debido a que muchos de los Maras ya “están bien entrenados para combatir” y además “son capaces de todo”.

Los tatuajes son uno de los códigos de identificación de la MS-13

Situación en la que ellos no querían terminar, porque si bien en riñas “defendiendo al barrio” habían sido partícipes de asesinatos, jamás sería lo mismo “matar nada más porque sí, o por negocios que a nosotros ni nos interesan”, lo cual aseguran, ya está pasando con cada uno de los Maras que han estado deportando y que seguramente sucederá con los que deporten consecuentemente.

No hay reportes ni registros de Maras en Tijuana

A pesar de esta situación, el secretario de Seguridad Pública Municipal, Marco Antonio Sotomayor, manifestó a ZETA que si bien “se ha venido escuchando desde hace un tiempo la presunta presencia de pandilleros de la Mara Salvatrucha”, en la actualidad no tienen ningún reporte ni registro de que haya personas de esta pandilla en la ciudad.

Destacó que tampoco tienen identificados a grupos delictivos que estén operando en la ciudad o que estén siendo utilizados por los grupos del crimen organizado, cosa de la que ya se hubieran dado cuenta en las detenciones que se han hecho, porque “al final hubiéramos logrado detener alguno de ellos”.

Justificación que también comparte Jorge Álvarez Mendoza, subprocurador de Zona Tijuana de la PGJE y Rodolfo Luna Herrera, coordinador de Enlace Internacional de la Policía Estatal Preventiva (PEP) -también consultados por este Semanario-, quien finalmente aceptó que la información obtenida por ZETA es un tema “grave” que se debe atender con la ayuda de la ciudadanía y sus denuncias.

En ese sentido refirió que por lo menos en los dos años que lleva en su cargo no se ha presentado algún reporte, y el último que fue compartido oficialmente por la PEP, ocurrió el 3 de mayo de 2014, cuando se anunció la detención de dos personas de origen hondureño en la colonia Salvatierra. Identificados como Juan Carlos Romero Macedo, de 43 años, y Luis Fernando Romero Macedo, de 41, confesaron ser integrantes de la MS-13 y, al momento de su captura, llevaban consigo drogas y dinero en efectivo.

Mexicanos sí pueden formar parte de los Maras; se asocian por similitudes sociales

En el mismo tenor, la autoridad municipal compartió que lo que sí se ha detectado son personas connacionales que han sido expulsadas de Estados Unidos por haber cometido ilícitos y que en sus casos son pandilleros pero de la Mafia Mexicana, que también se identifica con el número 13, pero no precisamente de la MS-13, porque como se les ha mencionado en algunos cursos sobre pandillas, “los mexicanos no pueden pertenecer a la Mara Salvatrucha, tienen que ser salvadoreños”.

Percepción que contrasta con la del periodista e investigador especializado en temas de pandillas, Carlos García, quien en su análisis “Seis ideas equivocadas sobre la MS-13”, publicado en la plataforma InSight Crime -dedicada al estudio del crimen organizado-, señala que la MS-13 no tiene un perfil único y tampoco es una organización que se rija bajo preceptos internacionales.

Por lo tanto, tiene presencia en países como El Salvador, Honduras, Guatemala y en menor escala en México, porque se trata más de una “organización fraccionada en estos países que guardan en común rasgos simbólicos, culturales, de origen y un nombre que parece hermanarlas”.

Incluso en su reporte, el mismo investigador destaca que en octubre de 2012 una integrante de la Mara que se hace llamar “Joker”, le comentó que ella acostumbraba a “traficar niños de Tijuana a California”, pero para obtener ganancias personales a mediados de la década pasada, y no para beneficio de la pandilla, ni mucho menos por órdenes de sus líderes.

PEP insiste en colaboración de la ciudadanía

El coordinador de Enlace Internacional de la PEP, reiteró que aunque durante su gestión no han tenido operativos que hayan resultado positivos sobre la localización de personas integrantes de la Mara Salvatrucha, en la actualidad están muy pendientes de ello porque las agencias federales les están pidiendo que les informen de todas estas situaciones, al ser un tema de mucho interés que no quieren que llegue a ser un problema para la sociedad, a quienes pide su colaboración para realizar alguna denuncia.

Mientras tanto, “Perro Negro” y “Perro Dorado” seguirán a la sombra y en la clandestinidad de todo, aunque como bien lo señalaron, seguirán frecuentándose continuamente en algún punto de la ciudad como hasta ahora, “alejados de toda esa gente”, tratando de llevar “una vida normal” entre ambos. Y para protegerse, porque si bien las circunstancias los separaron de todo lo que tenían, “la fidelidad como carnales que conocimos en la pandilla, aún nos queda”.
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