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Sinaloa: "No venimos a pelear, somos Gente de Iván Archivaldo"

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No venimos a pelear —Somos gente de ‘Iván Archivaldo’… Advirtieron a los ministeriales, Eran cerca de las 9 de la mañana del martes 14 de abril del 2015 En Culiacán Sinaloa, Cuando una joven de nombre Ana María Sánchez Figueroa Salió de su casa pero no llego a su trabajo, Un comando la intercepto y la subieron a un auto compacto, Algo le reclamaban. 

La pasearon por la ciudad y visitaron, secuestrada y secuestradores, varios bancos, El C-4 había dado cuenta de los hechos y policías ministeriales y municipales se dieron a la búsqueda de la unidad color arena.

Alrededor de las cuatro de la tarde, la camioneta fue localizado por agentes de la Policía Ministerial frente a un Banamex que se encuentra por el bulevar Manuel Clouthier, y fue reportada a los mandos, Se detectó la presencia de hombres armados con chalecos antibalas y se decidió que el abordaje se hiciera por parte de las Bases de Operaciones Mixtas y Urbanas, BOMU, que, se supone, cuentan con mayores pertrechos para sostener, en su caso, un enfrentamiento.

Alrededor de las 16:50 horas, la unidad se desplazó hacia el sur y terminó introduciéndose en la colonia Antonio Toledo Corro. 

Fue seguida en todo el trayecto y a distancia por patrullas de la Policía Ministerial, que seguía solicitando la intervención de las BOMU.

Policías municipales y ministeriales cruzaban información, pero era confusa.

Al llegar al cruce de Mina Cerro de la Bufa y 15 de Septiembre, policías municipales le dieron alcance al comando. Dos de los sicarios se bajaron de la unidad, avituallados con pecheras y portando fusiles. Les pidieron no disparar y se presentaron: “Somos gente del Iván…”

En ese momento la unidad de la Policía Ministerial que también seguía al comando llegó al lugar apuntando a los sicarios. Se bajaron y se apostaron detrás de árboles y casas, apuntando. Les gritaban a los sicarios que se entregaran pero éstos levantaron las armas y empezó la refriega.

Fue un instante. Alrededor de treinta impactos de distintos calibres destrozaron el vehículo.

Tres gatilleros ya heridos corrieron y se introdujeron en un domicilio. Antes Escalaron al techo y de ahí corrieron buscando refugio.

Cuando llegaron a la vivienda se escondieron en el segundo piso. Se encontraban dos señoras y varios niños. Les pidieron ayuda; ropa, y que les limpiaran las heridas.

Pero habían pasado solo unos minutos cuando las azoteas se poblaron de policías.

Apuntando siempre con sus armas, se metieron a la casa y detuvieron a los tres sicarios. Los sacaron a la calle y los subieron a las patrullas.

Pero en la esquina donde se produjo el enfrentamiento las cosas no se habían calmado. Varios jefes policiacos hicieron acto de presencia en pocos minutos, entre ellos el coordinador de Investigaciones de la Policía Ministerial, Martiniano Vizcarra..

Un agente que estuvo en el lugar narró que ya que había pasado la balacera y privaba todavía el desconcierto, cuando arribaron al lugar varias camionetas con hombres armados. Uno de ellos, joven y bien vestido, se bajó y se dirigió al comandante Martiniano Vizcarra. Pidió que se bajaran las armas.

“No venimos a pelear —habría dicho—, soy el Veinte, gente de ‘los menores’… solo queremos llevarnos las armas y a los plebes”.

Martiniano Vizcarra —narró el policía—, lo miró y le dijo: “Váyanse a la verga de aquí”.

“Está bien, jefe”, habría sido la respuesta del que había llegado, para luego retirarse con su gente…

Misteriosamente el subprocurador de justicia al dia siguiente, informó a algunos medios que no hubo personas detenidas.

La mujer poco después ya estaba en casa. No dio detalles de cómo llegó o dónde fue liberada.

Sobre los móviles del ataque, y como es costumbre en este país de mandos policiacos y carteles coludidos se ha guardado el mas absoluto silencio.
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